De traumas y hechos traumáticos

Un trauma además de psíquico puede ser también físico, como es una lesión que se ha generado a partir de un golpe, de un accidente, o de un agente externo. Y como estamos aquí en un espacio psicológico, lo que vamos a abordar es el trauma emocional o psíquico, o psicológico, de cómo se origina, cómo se mantiene, qué hay detrás y los síntomas o mecanismos de defensa que desarrollamos y proyectamos sobre  las diferentes estructuras psíquicas dentro de las neurosis.

Antes de nada comentar que un trauma además de ser violento, serio o muy fuerte: malos tratos, abuso sexual, indefensión, malnutrición, miseria,…, también pueden ser hechos traumáticos menos graves, pero continuados en el tiempo, causados por figuras significativas de la infancia. Algunas frases que en la infancia se repiten por uno de los progenitores de manera continua: “cuando venga tu padre, verás…” o bien “…”…déjalo que lo hago yo más rápido” (que podría llevar implícito el “no sirves para nada”); “si no te duermes pronto va a venir el hombre de…”. O un acto repetido: quedarse a oscuras en una habitación, castigado, etc.

Aclarar también que el trauma tiene un componente objetivo que es la situación que tiene lugar y un componente subjetivo, que es la experiencia de cada uno de nosotros del acontecimiento objetivo. Es por ello que no a todas las personas afecta de igual manera o las repercusiones proyectadas son de distinta índole para cada sujeto.

El trauma, tanto continuado en el tiempo, como violento en un acontecimiento puntual, va a quedar a nivel inconsciente ya que el cuerpo en esa etapa no puede metaforizar o simbolizar el acontecimiento negativo, esa emoción no desaparece, queda reprimida. Aparece la angustia como mecanismo de defensa que se va a proyectar y derivar hacia somatizaciones, obsesiones o fobias en la edad adulta.  Es necesario pues, buscar las causas de esa angustia en nuestros síntomas somáticos, obsesivos o fóbicos causados por hechos traumáticos.

En el caso de la fobia,  ésta es el intento de transformar la angustia en miedo. Es una manera de poner la angustia en otro lugar, en ese objeto que nos da miedo, el que nos produce fobia. De proyectar el hecho traumático sobre un objeto cualquiera representado durante el acontecimiento. Por ejemplo, a personas que tienen fobia hacia las arañas o a la oscuridad, bien podría haberse representado esta imagen mientras el hecho traumático tuvo lugar, inscribiéndose esta representación en el inconsciente despojada de toda emoción que queda reprimida porque en ese instante no somos capaces de simbolizar o metaforizar la escena.

Hay otras formas de proyectar la angustia como causa de un trauma o de hechos traumáticos, como es hacia el propio cuerpo, cuando se somatiza, llegando a enfermar físicamente, o cuando la angustia se proyecta sobre pensamientos obsesivos, dando lugar a los trastornos obsesivos, mediante la “rumiación” de pensamientos, por ejemplo.

El tratamiento de un trauma solo puede llevarse a cabo ayudando al paciente a salir de ese bucle, que le lleva a repetir y revivir la experiencia mediante un elemento (un objeto, el cuerpo o la mente) que engancha con algo inconsciente interno que ha quedado como resto del hecho traumático y que no puede evitar buscar repetitivamente. Se dice que un trauma tiene menos impacto en alguien que ha sido dañado físicamente, como analogía de la descarga verbal, imposibilidad (la verbalización) en traumas infantiles de carácter psíquico o emocional.  Es por ello que el tratamiento tiene como fin alcanzar esa experiencia que no se puede expresar, para ponerla en palabras.


Imágenes: Rosa Rosado

 

 

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