Resolver problemas es un acto cotidiano, en todo momento y de forma continuada estamos tomando decisiones. Decidimos qué ropa vamos a ponernos, el desayuno que tomaremos, la ruta para ir a la escuela o al trabajo; decidimos en qué emplear el día, con quien compartir nuestro ocio, etc. Para la mayoría de las personas, estos actos cotidianos no presentan mucha dificultad.
El problema surge ante una situación algo más compleja y para la que no siempre tenemos las herramientas necesarias. Son muchas las personas adultas que presentan dificultades o se sienten incapaces para tomar decisiones en su día a día y dar solución a conflictos que se le presentan en un momento concreto. Estas dificultades están condicionando la vida de estas personas en sus diferentes áreas: ocio, trabajo, familia, comunidad, economía, relaciones de pareja…etc.
Para desarrollar la capacidad de resolución de problemas en la edad adulta es preciso fomentar en la infancia y en la adolescencia que los menores se hagan responsables de sus propias decisiones, aprendiendo a tomar algunas decisiones como la elección de amigos, en su edad más temprana, o la elección de consumir o no drogas en la adolescencia, eso sí, siempre con la mirada atenta de sus padres o tutores….Adquirir estas habilidades de solución de problemas les va a preparar para la vida adulta.
La resolución de problemas es una cuestión de habilidades que se aprenden, que se adquieren, mejor desde los primeros años. Aunque con la práctica o el entrenamiento se pueden adquirir las competencias necesarias para la resolución de problemas. Estas habilidades que podemos incorporar a nuestro desarrollo tienen influencia en nuestra autoestima y nuestro autocontrol y que una vez adquiridas con un buen aprendizaje redundarán en una mayor autoconfianza y seguridad en uno mismo.
La resolución de problemas es un proceso que tiene varias fases que podemos ir poniendo en práctica ante una situación que requiere de una decisión. Lo primero que debemos hacer ante un conflicto es calmarnos y tomar distancia para ver con claridad cual es el problema; a continuación identificar el problema (un paso decisivo para continuar) concretándolo tanto como sea posible; después generar alternativas de solución (no descartar ninguna idea por absurda que nos parezca); evaluar todas las alternativas eligiendo aquella que sea más factible, práctica y eficaz para dar con la solución. Y por último tomar la decisión y ponerla en práctica eligiendo el momento adecuado.
El entrenamiento en la resolución de problemas es una de las capacidades o competencias que más demandan los pacientes que llegan a consulta y que tanto malestar les ocasiona y les incapacita para la vida diaria. Hay una máxima en la toma de decisiones y es que si tú no las tomas, siempre habrá alguien que las tome por ti, y aunque no siempre se acierte, la responsabilidad y la libertad de elección siempre es de uno mismo, y siempre se puede volver a poner en marcha el proceso en sus diferentes fases para encontrar la mejor solución a nuestro problema. Es cuestión de práctica.
Imágenes: Rosa Rosado
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