Ser padres no es “un juego de niños”

Las funciones parentales serán importantes a lo largo de toda la vida de un sujeto, pero con especial importancia en momentos clave de su vida. La familia como institución, transmite un saber y otorga un espacio simbólico a ese nuevo ser que entra a formar parte de la familia, incluso antes de su llegada, cuando se le nombra, se habla de cómo será, qué rasgos tendrá,… De ahí la importancia de la participación de ambos incluso antes de su nacimiento. Después deben ser ambos también quienes participen de sus cuidados, quienes presenten un modelo de identificación para el niño o la niña, la madre como ese primer referente que todo sujeto necesita para sostenerse en el momento de nacer y los primeros años de vida para construir su subjetividad, y el padre como representante de la ley que regula los intercambios sociales y constructor junto con la madre de su posición subjetiva.

La función paterna juega un papel fundamental en la investidura de toda persona, de todo sujeto, cuando a través del Edipo se da entrada en la cultura, en la exogamia o en la característica viril o femenina de todo ser humano. Cuando hablamos de la función paterna, no hablamos del padre como tal, sino de toda persona que ejerza esa función para el niño. Se trata de una metáfora (la metáfora paterna) que como tal viene a sustituir el deseo por la madre (del niño), es decir, separar al niño de la madre como objeto de incesto e introducirle en la cultura a la que pertenece. Más allá de la familia (en el caso de niños en situación de desprotección, que o bien viven en una institución o en familias de acogida….) la ejercen las personas que están a su cargo y que serán relevantes en la posición subjetiva de estos niños en su desarrollo.

La función paterna, además de la etapa anterior a su nacimiento, debe cubrir también otras etapas de vital importancia para el sujeto como, el primer año de vida, etapa en la que el padre debe adoptar su posición femenina ocupándose de tareas que tradicionalmente han sido asignadas a las madres o mujeres; el segundo año es también importante desde el punto de vista de la relación diádica con la madre; la etapa escolar en la que el padre acompañe, también en el aprendizaje. Y la etapa de la adolescencia en la que el crecimiento del hijo supone la caída del padre ideal, etapa que el padre deberá aprender a tolerar.

Hoy las familias como institución adoptan diversas formas que no son las tradicionales. La familia moderna ha ido cambiando en las últimas décadas, hoy familias de la postmodernidad en la que buena parte de ellas son hoy familias ensambladas, conformaciones familiares que responden a otros paradigmas culturales, en el que la fundación de una familia es un complejo proceso simbólico y emocional cuyo punto de partida es el enamoramiento y que no siempre confluyen en una pareja heterosexual.

Porque ser padres es más que un juego de niños, incluso más que asumir el deseo de serlo, por las implicaciones que tiene en la constitución de un sujeto, implicaciones que comienzan mucho antes del nacimiento y en ese recorrido hasta la separación de los hijos de sus padres, la familia como sostén vincular dará un nuevo significado y el comienzo de una nueva historia a la que pertenecerán y con la que guardarán solidaridad.

Imágenes: Oihana Barato

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