¿Cómo nos enamoramos?
El enamoramiento es una ceguera transitoria, cuyo destino final es la desilusión inevitable cuando la idealización ha llegado a su fin. Cuando nos enamoramos o idealizamos al otro en una relación, hay una ausencia total de critica, no hay desacuerdos, ni tampoco defectos en el otro. Se perdona casi todo. Es más, nos auto engañamos ante cualquier visión desfavorable del otro. Los límites entre el uno y el otro se difuminan en esta fase fusional. Y todos los demás al margen de la pareja, como son los amigos, la familia de origen, todos los otros, quedan afuera.
Más adelante, en la pareja, al igual que ocurre en la amistad o en las familias, se van alternando periodos de crisis. Una vez resueltos los conflictos que han llevado a esa crisis, se vuelven a reorganizar los vínculos para alcanzar una estabilidad momentánea. Si en la primera fase, los otros por fuera de la pareja (amigos, familia…) quedaban al margen, en esta segunda fase aspectos tales como la familia de origen, por ejemplo, se empiezan a visibilizar para ocultar otros aspectos más desfavorables del otro que vamos percibiendo en la relación.
A partir de ahí, se van produciendo diferentes reacciones que evolucionan hacia la reorganización de los vínculos o hacia la ruptura de la pareja, mediante una mejor comunicación entre los mismos y un mayor aprendizaje. Con estas dinámicas de conflicto y una caída del ideal mutua de la primera fase, se empieza a instaurar y reconstruir la relación que va a fortalecer el vínculo amoroso.
¿Cómo es el proceso de crisis?
La decepción o desilusión del otro en la relación de pareja se produce cuando el otro no responde ya a nuestros deseos. Nos habíamos creado una expectativa que finalmente nos ha decepcionado. Y la decepción o desilusión será proporcional al grado de idealización que hemos proyectado en el otro. Intentamos prolongar esa “luna de miel” y negamos la realidad hasta un límite en el que ya no podemos mantener esa idealización y, la realidad se impone. Esta nueva realidad, aunque dolorosa, no tiene por qué culminar en una ruptura. A veces se da una reorganización que modifica el funcionamiento de la pareja.
Para evitar la pérdida de idealización, a veces, uno de los componentes de la pareja se dice a sí mismo frases como “sé que me ama aunque a veces su comportamiento no lo parezca”; “en el fondo sé que me ama, solo que es muy influenciable, pero cambiará”, etc. etc. Y casi siempre se atribuye esa pérdida de idealización a los otros al margen de la pareja, como la familia de origen, los amigos, el estado de ánimo, el trabajo, etc. Es difícil mantener la idealización durante mucho tiempo, por lo que la idea de posesión sobre el otro se acentúa de tal manera que se hace irrespirable iniciándose así una primera crisis.
Se puede iniciar una disminución de la idealización mediante un proceso en el cual desarrollar una introspección que permita encontrar una adaptación en su relación afectiva, y superar la crisis y aprender a acondicionar el vínculo, a veces con la ayuda de una terapia.
Imagen: Rosa Rosado