Los celos, una falta de amor propio

El celoso siempre está midiendo cuánto es amado

Es imposible no tener celos. Todos y cada uno de nosotros sentimos o hemos sentido los celos en algún momento de nuestra vida, en la relación de pareja, los amigos, en los hermanos, en el trabajo, en cualquier ámbito se juegan los celos. Y siempre, cuando hemos sentido amenazada nuestra estabilidad en una relación de amor. Los celos normales van siempre acompañados de un estado afectivo, de tristeza, de dolor por la pérdida del objeto de amor, de una ofensa a nuestro narcisismo, de sentimientos hostiles hacia el otro y también de una autocrítica del yo por sentirse responsable de la pérdida amorosa. 

La naturaleza de los celos puede estar presente en la infancia más temprana, incluso antes, como reacción frente a la envidia cuando un niño mayor sabe de la incipiente venida al mundo de un nuevo ser al seno familiar, aunque se dice que más que una rivalidad, los celos, son una identificación mental del niño con el hermano intruso en relación al destete. 

Por eso, cuando la diferencia entre hermanos ha superado la etapa del destete el sentimiento de los celos será menor que en aquellos más pequeños, que sienten y manifiestan su hostilidad hacia el hermano que viene, incapaz de simbolizar lo que le provoca su nuevo hermano que viene a ocupar el lugar que le pertenece. 

En la rivalidad entre hermanos, los celos fraternales, lo que se pone en juego son los lazos afectivos y los vínculos dentro del espacio familiar. Lo peor que puede ocurrir es que los hermanos se dejen de hablar. Que falte la palabra como elemento mediador para superar el conflicto donde las envidias y los celos se incrementan. Y es ahí donde los padres y madres han tenido y tienen, también en la edad adulta, un papel relevante. Evitando hacer comparaciones generadoras de odio y que van acompañadas de calificaciones y descalificaciones, estableciendo favoritismos, en lugar de favorecer los potenciales de cada hijo, respetando su singularidad, ya que todos y cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles.  

Por eso, los padres debemos fomentar el vínculo entre los hermanos más allá del vínculo parental, sin intervenir, sin juzgar, sin señalar un culpable en los conflictos fraternales. Como señalara Freud, el “complejo fraternal” debe resolverse dentro de la misma familia, porque solo en ese escenario es donde se puede aprender a resolver el amor, los celos, la envidia, los miedos…Así cada uno aprenderá a involucrarse, a hacerse responsable de aquello que le ocurre y saber qué puede hacer para evitar el sufrimiento. Si no se trabaja sobre los celos, la envidia pasará a sustituir a los celos, más destructiva incluso que los celos, ya que el envidioso a diferencia del celoso, lo que quiere es lo que el otro tiene, le sirva o no.

Los celos son una emoción que se siente cuando existe el temor de que alguien a quien se ama entregue a otro lo que se quiere para sí. Porque el celoso siempre está midiendo cuanto es amado. La persona celosa quiere que el otro le diga de manera continuada cuánto vale y que le llene de amor, esa falta de amor propio del que carece. Hay una falta de valoración de uno mismo, una baja autoestima. La persona celosa se siente amenazada continuamente porque piensa que carece de los valores necesarios para ser atractivo, reconocido o amado. Por eso, la persona celosa inventa un mundo de problemas, porque busca, en el amor, una certeza que no existe. Y lo que busca, en su inseguridad, es la certeza de que no hay riesgos. Pero en el amor, si hay algo, es el riesgo permanente, y aún así hay que estar dispuesto a correr el riesgo si lo que se quiere es una relación.  

Ante una persona celosa, la actitud debe ser la de no ceder a las manifestaciones de celos, ya que eso no le va a calmar. Porque el problema es con sí mismo, con su inseguridad. La persona celosa pone tanto amor en el otro que queda vaciada de amor propio, apenas queda nada para ella. 

En las sesiones trabajamos en el diagnóstico diferencial de los celos normales, los proyectados o los celos delirantes para controlar, en su caso, los delirios a través de la palabra, buscando cuestionar las creencias derivadas de los celos patológicos y encontrar una explicación alternativa a la situación, poniendo en marcha estrategias de conducta tendentes a modificar los pensamientos distorsionados y reducir el malestar emocional. Aprendiendo estilos de relación positivos, creando confianza mutua o aceptando al otro en lo que es. 


Imagen: Rosa Rosado

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