La mujer, la gran derrotada de la historia

El rol de la mujer a lo largo de la historia ha ido cambiando en función de intereses y estructuras socioeconómicas y políticas de la época, hasta nuestros días. En la antigüedad, el papel de la mujer en la sociedad era invisible. Desde entonces se ha recorrido un largo camino lleno de obstáculos para transcender su papel reproductor, de madre y esposa, y tener la posibilidad de participar de todos los ámbitos de la sociedad. 

La mujer es la gran derrotada de la historia. Históricamente, los roles sociales de la mujer se reducían a una mayor presencia en la esfera privada, mientras que los hombres ejercían su papel en el espacio público. Las mujeres quedaron relegadas a lo personal, al cuidado y desarrollo de cualidades que se consideraban mayormente femeninas, propiciando mayor invisibilidad de la mujer en su contribución al desarrollo de lo social.

Durante la revolución industrial y las líneas de montaje, la mujer se convierte en un instrumento útil para la vida laboral, con un trato y un salario inferior al de los hombres. No es hasta el siglo XIX que la mujer puede incorporarse a la educación universitaria, aunque pocas tenían la oportunidad de ejercer sino tareas de docencia o similares,  siempre que no se casasen o tuviesen hijos, ya que en ese caso eran relegadas al ámbito doméstico en calidad de esposas y futuras madres. 

Aunque no hay que ir tan lejos en el tiempo para dar testimonio de cómo la mujer ha sido relegada al espacio privado, a las tareas domésticas, a la función reproductiva y al cuidado de la familia, en general. Hablamos de comienzos de los años setenta del pasado siglo, apenas cincuenta años nos separan, en los que solo aquellas mujeres solteras que teniendo un trabajo remunerado en empresas industriales, podían seguir en su puesto de trabajo, debiendo dejarlo de inmediato al casarse. Este es un ejemplo, pero hay muchos más, todos ellos relacionados con la pérdida de derechos en las sociedades industrializadas, se tratara de sociedades anónimas o incluso de cooperativas aunque sus estatutos se rigieran por el principio de igualdad y solidaridad. El papel lo aguanta casi todo. 

En cualquier caso, en esa época, casarse era el precio a pagar por pasar de un sistema patriarcal, el familiar, a otro similar, el conyugal. Otro modo de “prisión” totalmente normalizado. Lo que se dice, salir de una caverna para entrar en otra mayor, haciendo uso de la alegoría platónica. 

Hoy algunas cosas han ido cambiando, afortunadamente. Y sin embargo, ha tenido que darse una pandemia para poner de manifiesto que las pandemias, al igual que otras crisis, aunque afectan a todos y en todas partes, no lo hace a todos por igual. La mujer sigue siendo la gran derrotada. Ser mujer en tiempos de pandemia vuelve a poner de relieve una mayor contribución de las mujeres y una menor igualdad. Se han ampliado las desigualdades y sesgos de género en casi todos los ámbitos sociales: en el laboral donde la fuerza de trabajo femenina ha sufrido mayor desempleo y subempleo y se ha dado una mayor disminución de la participación de la mujer en el ámbito laboral y una mayor dificultad de realizar teletrabajo para las mujeres que para los hombres, debiendo compatibilizarlo con el cuidado de los hijos; ha habido un mayor incremento de la violencia doméstica e intrafamiliar; un aumento de las tareas del hogar y cuidado de los hijos y personas dependientes, que recaen especialmente sobre las mujeres. 

¿Pero cual es el papel que reivindican las mujeres en la sociedad actual? Lejos de ese ser visto por la filosofía aristotélica como “un hombre pero incompleto”, la mujer de hoy se moviliza hacia la búsqueda de la reivindicación y empoderamiento que propicie su participación en plenitud en la vida pública, económica, social y política, espacios todos ellos asociados al poder, como un segmento más de la sociedad con capacidad de transformar los desafíos a los que se enfrenta.  

Pero sobre todo, es necesario seguir deconstruyendo todo aquello que se ha naturalizado en los roles de género. El lugar fijo asignado a la mujer en la sociedad ha ido respondiendo a intereses inscritos para defender y mantener la asimetría jerárquica naturalizada. Hay que reivindicar el feminismo de la diferencia, salir del falogocentrismo (como privilegio de lo masculino), postular por los derechos de la mujer en su singularidad. 

Porque todos los retos conseguidos por esas otras mujeres que iniciaron el camino de la transformación y han cambiado la historia, sirvan para que los derechos humanos sean derechos para toda la población y no solo para una parte. Por todas ellas, Clara Campoamor, Virginia Woolf, Dolores Ibarruri, Simone de Beauvoir  Marie Curie, Valentina Tereshkova, Rosa Parks, Benazir Bhuto…, algunas de las mayormente nombradas, pero también un tributo a otras tantas mujeres silenciadas que desde la invisibilidad de su cotidianeidad hacen de este mundo un lugar mejor para TODES.


Imagen: Sandra Rosado

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