Más unidos y solidarios tras el COVID-19 (?)

Cuando la ofensiva está dividida, combatir al enemigo común es complicado. Solo se podrá vencer cuando las “tropas” se hallen unidas ante un objetivo común. Pero cómo hacer frente a una crisis salvaje que afecta por igual a todos los pueblos, cuando lo que faltan son líderes mundiales con capacidad de cooperación, de generar confianza, con poca capacidad de organización, insolidarios e incapaces de compartir la investigación científica en momentos en los que más que nunca es necesaria una respuesta global.

Y es que ya lo dijo y repitió hasta la extenuación uno de los “líderes” mundiales en el momento en que pronunció la frase “América First”. Y a este le siguieron otros con parecidos sloganes. Ni siquiera en la Unión Europea (bien podríamos eliminar lo de Unión) se pueden evitar las tensiones para afrontar unidos el desafío que supone reconstruir los pueblos igualmente devastados por una pandemia que no conoce límites o fronteras. De nuevo la cuestión de ricos y pobres o la distribución de la riqueza es el germen de la división. Si no estamos dispuestos en estos momentos de igual impacto para todos, a compartir la riqueza o la crisis económica, ¿cual sería la razón de estar en una Europa que se dice Unida.? ¿Si no nos une esto, qué otra cosa nos puede unir?.

Ante la falta de liderazgo mundial, de unidad universal para luchar contra una pandemia que ha puesto el mundo patas arriba, mientras, el mundo sigue igual. Siguen llegando refugiados a nuestras costas, sigue existiendo la desigualdad, la pobreza, el maltrato, se alimenta el odio a través de la desinformación para dividir, ahondar en la brecha de la desigualdad, para que los que más tienen sigan teniéndolo (casi) todo y los que menos tienen, se quedan por el camino.

Si hay algo que contrarresta a esa falta de liderazgo de los dirigentes mundiales, son las personas, individuos (individualmente actuando), que con su solidaridad, su capacidad de transformación, su voluntad, su creatividad, su esfuerzo, su colaboración, su conocimiento y su saber hacer a nivel individual (a veces con quedarse aislado ya basta) suman. Y lo hacen para que esta realidad de lo que somos, seres frágiles y vulnerables, se transforme en una lucha colectiva que aunque no nos salve de la vulnerabilidad ante la pandemia, nos puede ayudar a construir protección colectiva y a comprender que lo que entendíamos por realidad no era sino la más absoluta irrealidad ya que no éramos lo que somos, si no lo que queríamos ser.

Y aunque la solidaridad en tiempos revueltos pueda parecer un instinto de supervivencia, el impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos cambiará sustancialmente. Se abre paso un nuevo paradigma que debemos aprovechar para cambiar lo que ya veníamos percibiendo como un desastre natural.

Contra un capitalismo salvaje y estancado, una crisis sanitaria, unos sistemas productivos deslocalizados y un exagerado consumo perjudicial para el medio ambiente, alternativas de movilización más sostenibles para el planeta, un sistema productivo más local y sostenible, un consumo responsable…

E imaginando lo inimaginable una redistribución de la riqueza, una reducción del trabajo, una mayor investigación en educación, ciencia, tecnología y salud. De nosotros, principalmente, y de nuestra responsabilidad (no solo la de los dirigentes) depende salir de ésta más fuertes y unidos, menos solos y competitivos, abriendo espacios para la igualdad, la convivencia, el respeto y la responsabilidad.  Porque esto pasará pero dependiendo de las elecciones que hagamos cambiarán nuestras vidas en los próximos años.

Imagen: Rosa Rosado


 

 

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