La lujuria, un deseo incontrolado

Al igual que en los otros llamados pecados capitales, en la lujuria también se trata del deseo, en este caso del deseo incontrolado o desmedido (de carácter sexual). Si nos remontamos a la antigüedad, la lujuria se asociaba no solo al deseo sexual desmedido, sino a todo aquello relacionado con el derroche y la ostentación. Fue más tarde cuando este “pecado” adquirió el sentido de lascivia o desenfreno sexual.

Desde un punto de vista psicoanalítico, primero fue Freud que introdujo la idea de que en el ser humano no existe el instinto puramente natural, sino que es la cultura la que modula la pulsión.  Además de un impulso físico de supervivencia, la sexualidad es una fuente de placer tanto físico como psíquico. Las diferentes culturas tratan la pulsión sexual de distinta manera, en forma de tabú religioso en algunas culturas, el incesto, los rituales de fertilidad en la tierra, las prohibiciones más estrictas de masturbación, etc.

En la sociedad actual, la sociedad de mercado, la lujuria se excita acompañada de la imaginación puesta en escena, en la que mediante los “ganchos”, anuncios televisivos, de vallas, revistas, canales pornográficos…convierten en público el escenario antes de lo privado, ofreciendo todo un mercado de lo sexual como juguetes eróticos, operaciones de estética, ropa, complementos, pornografía o todo aquello que genere ganancias. Esto llevado a su máximo de rentabilidad, como la trata o la prostitución,  que aunque son muchas las voces que lo denuncian, hay otras muchas que lo promueven y además lo consumen, traspasando así todos los límites de la moralidad.

El placer sin escrúpulos solo tiene un objetivo y es la estimulación de uso y consumo de todos los productos y servicios que ofrece la industria pornográfica y su mercado, explotando sin sonrojarse las debilidades de un público indefenso, incitando al consumo precoz, despertando en los niños y adolescentes una necesidad de poseer o de comprar, como si la sexualidad se redujese solo a un acto fisiológico, tal como postulaba el Marqués de Sade.

 

Imagen: De internet:  escena del Jardín de las Delicias de El Bosco


 

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