El silencio, una voz que nos habita

El silencio no es solo ausencia de ruido, es algo más. Es preciso diferenciar entre los silencios ruidosos, los silencios incómodos o cómplices, los silencios de muerte…Hay silencios necesarios, silencios que mienten, silencios portadores de verdad, silencios que silencian, silencios que maltratan, silencios que excluyen, que eliminan al otro, o silencios que callan…Y hay silencios que dicen más que las palabras.

Luego están los silencios que “aplastan” historias que ocultan problemas callados durante décadas, que suscitan un sentimiento de rabia, de dolor, de miedo, de preguntas sin respuesta, que derivan en daños profundos en el presente de las personas. Silencios que se graban en el cuerpo, silencios que hacen síntoma.

El silencio se puede verbalizar de muchas maneras: estar en silencio, guardar silencio, imponer el silencio, pedir silencio, llenar el silencio…Y a veces, simplemente,  el silencio es algo necesario para asimilar lo vivido durante el día o en otros momentos, o simplemente para «resetear» nuestro cerebro, haciendo analogía de las nuevas tecnologías.

El silencio simplemente está ahí. Estaba quizá antes que la palabra, antes que el lenguaje, al igual que el vacío que es necesario para construir el espacio, la realidad que nos habita. O tal vez el silencio no exista, simplemente se manifieste de diferentes maneras.

El silencio es también parte de la conversación, y es necesario. Sin silencio no hay escucha, y no es el fin de la palabra sino solo una pausa que escucha al otro, o una escucha de una voz más bajita que nos habita cuando aparece el silencio. Y a veces el silencio habla y habla, dice más que las palabras.

Y nos ocurre que, a menudo, para no sentirnos solos buscamos llenar el silencio, nos envolvemos en los ruidos con el objetivo de rebajar la ansiedad de estar solos y nos alejamos de nuestro interior porque enfrentarnos a nuestras emociones o a nuestros pensamientos es algo insoportable. Encontrar las respuestas a muchas de esas preguntas solo puede entenderse desde el silencio del que escucha, permitiendo surgir el deseo desde la angustia del que sufre de ese silencio silenciado.

Del silencio surge el análisis, surge la interpretación, dando espacio a un tercer lugar que es el de la asociación libre, el trabajo del analizante que intenta llenar ese vacío renovado de manera continuada del analista y el trabajo de este último que escucha en silencio esperando que ese tropiezo o ese lapsus dé paso a la angustia, anunciando que allí hay algo de eso que se busca y que no es otra cosa que el medio decir de la verdad del sujeto.

Y es solo desde el silencio que puede surgir parte de la verdad que me es negada, esa media verdad que solo atreviéndome a saber me liberará, o no, de esa pesada carga abriendo un nuevo espacio, ahora con más respuestas, con la valentía que da atreverse a saber, aunque duela, sin mentiras ni engaños, solamente por el amor a la verdad.

Imagen: Rosa Rosado


 

 

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑