Hay una falta de comunicación entre adultos y adolescentes. Muchas de las veces atribuida a los padres/madres, para quienes dialogar sobre algunos de los llamados tabúes (drogas, sexualidad, violencia, adicciones…) es una cuestión complicada. Y no debemos olvidar que esta sociedad democrática es una sociedad todavía joven; muchos de los padres hemos vivido una tremenda represión y censura y hoy es todavía difícil tener asimilados todos los cambios habidos en la sociedad actual.
Algunas voces apuntan a una falta de preparación, en ocasiones, y un primer paso sería interesarse por estas cuestiones, pero para eso hace falta dedicación, responsabilidad, reflexión, empatía…y a veces renuncia y sacrificio durante unos cuantos años. ¿Estamos, de verdad, dispuestos a hacer este ejercicio?
Cuando un problema aparece en la adolescencia (drogas, delincuencia, violencia hacia los ascendientes, adicciones, etc.) no es un problema que aparezca súbitamente. Para llegar a ese punto, antes, durante la infancia y la primera adolescencia, el comportamiento de este niño/a ya presentaba síntomas que probablemente estarían anunciando el problema en la adolescencia. Los estilos educativos, inadecuados de sobreprotección y autoritarismo están, muchas de las veces detrás de esta problemática. También una cierta laxitud en las pautas de crianza, no deseable, principalmente por parte de las madres.
Hablar con nuestros hijos de todos estos temas requiere formarse e informarse de las actividades que practican los más jóvenes, de sus temas de conversación, de sus intereses, sus deseos…Mostrar empatía y confianza, tratar de entenderles, interesarse por sus sentimientos, respetar su espacio y transmitirles de forma clara lo que esperamos de ellos, siempre desde el papel de padres/madres pues ni somos ni debemos ser sus amigos.
Imagen: Rosa Rosado
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