El niño de la postmodernidad (síntomas)

El niño de la postmodernidad no existe ahora dentro de una familia nuclear de otro tiempo. Esto ha cambiado, ahora se desarrolla en todo tipo de familias, monoparentales, mixtas, extensas, nucleares, homosexuales, etc.  Y con estos cambios de forma de vida, el dispositivo psíquico que venia a armar la estructura del deseo (la llamada metáfora paterna), lo que permite gestionar una buena parte de la satisfacción del ser humano no llega para simbolizar todo el goce, sino que es tal la brecha estructural, que deja pasar cualquier objeto técnico, global, virtual, o el mismo vacío del sin sentido de la vida.

La familia en cualquiera de sus formas ha dejado de ser un referente en la transmisión generacional, este lugar es ocupado hoy por los medios de comunicación social cuyos personajes son los ideales de conducta, belleza, fuerza, poder….El niño es hoy producto de su tiempo y aunque siempre ha existido, en siglos anteriores su condición era completamente inexistente.  Hoy, a diferencia de ayer, y en parte por el acceso a la comunicación que tienen los más pequeños, no hay una gran diferencia, entre adultos o menores, en los mensajes que se emiten. Los secretos no existen para la infancia.

Tenemos por otro lado esa competitividad exigida en el menor tiempo posible con grandes expectativas y exigencias para evitar el fracaso, tal como lo muestran las innumerables actividades a las que llevamos hoy a los niños: el aprendizaje de una segunda lengua, el manejo de las nuevas herramientas, la competitividad deportiva,  etc, con importantes repercusiones, a menudo, en el psiquismo infantil.

El niño feliz, angelical, sin problemas, mito de la infancia de otro tiempo no existe hoy. El niño sufre para cumplir con las expectativas familiares, escolares y sociales que se le imponen. Y manifiesta sus síntomas o responde poniendo el foco de su interés en otro lugar, en las pantallas de las consolas o de la tablet, ya a cualquier edad, incluso antes del primer año…Y así su identidad se va forjando mediante las imágenes y los juegos con los que interactúa. Un exceso de lo imaginario tendente a hacer desaparecer la realidad con síntomas marcados por la angustia o la imposibilidad de simbolizar lo que les sucede.

Imagen: Rosa Rosado


 

 

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