Infancia, síntomas y familia

Parece que los síntomas por los que los padres consultan a un terapeuta para sus hijos han cambiado en el último siglo, también la edad de la primera consulta, ahora se consulta ya desde las primeras etapas infantiles.

Los síntomas,  los propios del crecimiento o del desarrollo evolutivo de los niños en la infancia no son hoy los tradicionales. La torpeza en el crecimiento es la epidemia de hoy en día. Se hace difícil diferenciar para los niños el consciente e inconsciente, no hay separación. Los niños siguen viviendo en un mundo de ensoñación, les cuesta a menudo distinguir la fantasía de la realidad.

Entre los síntomas por los que se consulta, en niños de muy corta edad, están aquellos relacionados con las dificultades que tienen para simbolizar la ausencia del otro, como son los problemas de sueño y de la alimentación, con síntomas que van desde los temidos berrinches, la culpa, los límites…

Por eso en la clínica, se dice que lo que para Freud constituía el punto de partida para el inicio de un análisis (el complejo de Edipo), es hoy el punto de llegada, pues no se han superado los otros complejos previos, como el del destete, que nada tiene que ver con dejar la lactancia, sino con el corte que se produce entre el niño y el Otro, y que no tiene por qué ser la madre; también el complejo del control de esfínteres que coincide con la constitución del narcisismo en la que se produce una separación entre el yo y los otros.

El niño es un ser vulnerable a como es reconocido, nombrado y mirado por la palabra y los afectos y condiciones familiares. Y la angustia del niño significa que hay una manera de dar cuenta de la batalla que está librando en ese momento frente a su propia existencia. Es preciso, pues, dar al niño la posibilidad de reubicarse allí donde pueda exponer su síntoma articulado a su decir, para posibilitar el encuentro de lo de singular que hay en él.

Imagen: Rosa Rosado


 

 

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