Un buen autoconcepto ayuda y allana el camino hacia el logro de retos u objetivos. Mientras que una baja estima nos conduce a un sentimiento de sí mismo en el que el grado de confianza y la manera en que somos capaces de apreciar nuestras limitaciones o cómo nos percibimos nos lleva, en muchas ocasiones, a rebajar nuestras expectativas. Y cuando esto ocurre, ni siquiera lo intentamos, porque hacemos uso de la profecía autocumplida “para qué intentarlo si no lo voy a conseguir”.
Claro que un exceso de autoestima lleva aparejado un alto ego que también acarrea problemas sociales por el exceso de orgullo. Aunque al principio te sientas bien, sentirte superior a todos los demás te causará problemas y enemistades y en consecuencia terminarás sintiéndote igual de mal que con una baja autoestima.
Tanto el exceso de estima como la baja estima de sí mismo pueden desencadenar en dificultades para relacionarse, sentimientos de soledad, aislamiento o depresión. Encontrar el equilibrio requiere de un trabajo de introspección, tal vez de un análisis en profundidad y conseguir las herramientas necesarias para enfrentar. Contar con un profesional en esos casos puede ser de gran ayuda.
La infancia es una etapa en la que fijar un equilibrio entre un ego exagerado y una baja autoestima es imprescindible para crecer en valores, mediante la satisfacción de las necesidades emocionales y un contexto intersubjetivo adecuado. Los padres o educadores tenemos un papel relevante en la dotación de capacidades o habilidades para fomentar la autoestima en los niños.
¿Cómo? Es preciso evitar las etiquetas negativas y estimular su autoestima mediante el amor, la motivación, la comunicación, tanto como las reglas positivas y los límites para sentirse bien y aceptados. Hay que ayudarles a afrontar los problemas y gestionar las frustraciones que se encontrará a lo largo de su vida. Las palabras hacia nuestros hijos son muy importantes, también los elogios y la actitud que como padres adoptemos en cuanto a la aceptación, y quererles como son, dejando que sean ellos mismos para que desarrollen su personalidad.
La infancia es un caldo de cultivo para fomentar la autoestima, también mediante juegos infantiles como los juegos de rol, en los que ponerse en el lugar del otro ayuda a despertar su empatía. Hay muchos juegos que se pueden compartir con los más pequeños para que aprendan a estimarse.
Sin olvidar que una sobrevaloración en la infancia por parte de los adultos convierte a los niños en narcisistas. Además de que ese exceso de valoración puede volver vagos a los niños, sin voluntad para esforzarse; se creerán superiores a los demás y se corre el riesgo de que se conviertan en niños “tiranos”, que no sabrán respetar las normas o límites, ni las personas; carecerán de empatía… En definitiva, serán niños con poca autoestima y demasiado ego.
Imagen: Rosa Rosado
Una lucha interesante de tratar en estos días.
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