Los efectos de la indefensión aprendida pueden ser más o menos graves en función del estilo atribucional de una persona en relación a las causas. Si una persona piensa que se debe a factores estables o globales, el efecto será mayor que en aquellos que tiendan a atribuir este fenómeno a factores inestables o de carácter más específico. También la falta de control o la percepción del entorno como incontrolable sobre la situación y las circunstancias que la rodean incapacitan para tomar en consideración cualquier acción que modifique tal situación.
La indefensión aprendida está fuertemente vinculada a situaciones o ámbitos de la vida como el fracaso escolar, o el acoso escolar, la tortura, el maltrato, la violencia machista, el secuestro, etc, con consecuencias tales como una autoestima negativa y una grave desmotivación para el cambio, dejando la voluntad en aspectos ajenos.
La teoría de la indefensión aprendida es la base de la teoría sobre la depresión, que tiene su origen en un experimento con animales, llevado a cabo por Martín Seligman, psicólogo y escritor americano, en el que tras someter a dichos animales a descargas eléctricas sin posibilidad de escapar, el animal no mostraría ninguna respuesta aunque tuviera posibilidad de salir de tal situación, es decir que había aprendido a sentirse indefenso y ya no lucharía contra ella.
El comportamiento humano presenta las mismas características y haga lo que haga en una situación de indefensión, el resultado será siempre negativo y la consecuencia más directa de este proceso es la pérdida de toda respuesta de afrontamiento. Así pues, la indefensión y la depresión comparten características como por ejemplo un deterioro de la motivación, o un aumento de la depresión, o cuando no es posible controlar las circunstancias, además de que las personas deprimidas piensan que el éxito en una tarea se debe al azar y no lo atribuye a su esfuerzo o a méritos propios.
Esta situación ratifica la falsa profecía que confirmaría aquello de que si se piensa que haga lo que haga nada puede cambiar, no se hará nada para que ello cambie, es decir, aumentan todas las posibilidades de que se cumpla la profecía tras paralizar nuestra voluntad para actuar. Si somos capaces de elegir el camino del afrontamiento llegaremos al punto de la autoeficacia percibida, que no es más que ver los resultados positivos tras una acción y percibirla como fruto de nuestro esfuerzo. Porque si piensas que lo puedes conseguir, te pondrás en marcha.
Imagen: Rosa Rosado
Me encantan tus escritos. Un beso
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Y a mi que los leas. Un abrazo
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