El cuidado de los otros, una ética humana

Este post es una pequeña contribución para visibilizar a tantas y tantas personas, en su mayoría mujeres, mujeres invisibles que sostienen el deseo de esas otras personas, que sostienen su vida cuando ésta se apaga, o cuando para vivirla dependen de otros que los cuiden, y también para alzar la voz como mujer y denunciar que un cambio de narrativa es posible, un cambio que aleje a la mujer de ese ámbito de sufrimiento, de pérdidas constantes y que promueva implicaciones mutuas en el sufrimiento de cada cual.

Las mujeres cuidadoras de sus familias son mujeres, siempre “disponibles y obligadas” a hacer de este trabajo un territorio propio en el que cuidar de sus padres enfermos, de sus hijos pequeños, o de aquellos familiares dependientes que necesitan de cuidados especiales. Son mujeres dedicadas al cuidado, de sus familias (cuidadoras informales), o mujeres que se han visto “obligadas” a ejercer la profesión de cuidadoras, y otras que lo hacen de manera voluntaria. En definitiva, mujeres abocadas a decidir entre su bienestar o el de los demás, mujeres que sienten su vida mermada y son conscientes de las pérdidas que han ido sufriendo a lo largo de su vida, lo que a menudo les lleva a perder el sentido de la vida.

Se sabe que es la cultura de la época la que otorga valor simbólico a la diferenciación sexual y cómo el cuidado de los demás, en nuestra sociedad, ha sido simbolizado por las mujeres en su mayoría. Si no…cómo es posible que el superyó (o conciencia moral) de nuestro psiquismo tenga tal diferencia con el superyó masculino si está fundado en la prohibición del incesto y es regulador de la sexualidad para ambos géneros, sin distinción. Esa conciencia moral que a muchas mujeres, en ocasiones, les acarrea un sentimiento de culpabilidad, cuando huyen de la posición de objeto y se colocan en una posición de sujeto, un sujeto con el deseo como esencia de la humanidad que nos mueve.

Desde un contexto patriarcal diríamos que la ética es femenina, pero en un contexto democrático el cuidado de los otros es una ética humana. La comprensión mutua es innata al ser humano, tal como lo ponen de relieve conceptos tales como las neuronas espejo o la empatía. El cuidado y la asistencia de personas enfermas o dependientes no debiera ser un asunto de mujeres, sino intereses humanos, si no fuera por la herencia patriarcal de la que somos depositarios.

Por eso es necesario ejercer la libertad que implica responsabilidad y trabajar para producir una nueva realidad, una realidad que no tenga que reducirse, en la mujer, a ser hija, madre o esposa, que permita que en un futuro sea posible conocer a la mujer, a la persona mujer. Lo único de aquello de lo que podemos sentirnos culpables es de haber cedido en el deseo, porque el amor, la inteligencia o la satisfacción se producen en el encuentro social.

 A mi hermana, por su gran labor sin perder la sonrisa ni un solo día.


Imágenes: Rosa Rosado

 

 

 

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