El texto del Papa Juan Pablo II ”Los mayores han de seguir aportando porque son un valor en sí mismos y nuestra historia quedaría suspendida en el vacío si prescindiéramos de ellos”, que da comienzo a esta conferencia, pone en valor la importancia de las personas mayores en la evolución de la sociedad. La conferencia de hoy trata de las personas mayores y por tanto cuenta con la participación de las personas mayores.
Hoy vamos a hablar sobre los retos del envejecimiento activo en el Siglo XXI.
Es importante tener en cuenta que el proceso de envejecimiento empieza a edades muy tempranas, por lo que el envejecimiento de cada uno de nosotros va a depender de nuestra historia de vida, va a depender de cuál es nuestra etapa evolutiva, y de cuáles son las condiciones personales, familiares y sociales en las que nos encontramos en el momento actual.
Casi todos coincidiremos en que este colectivo de personas mayores queremos seguir siendo ciudadanos de pleno derecho, es decir, que queremos seguir siendo ciudadanos con deberes y derechos que nos son propios, que nos pertenecen.
Desde el siglo pasado, la esperanza de vida a nivel europeo y en especial en España ha supuesto un espectacular avance. En menos de cien años, hemos pasado de una esperanza de vida de 34,8 años en el año 1900, a los 82,3 años en el 2011. Para el año 2051, la población de mayores de 65 años será de un 36,5% de la población total. Y hasta un 80% de las personas con 70 años mantiene hoy una forma física y mental aceptable que les permite llevar una vida con plena normalidad. También, a nivel conceptual o a nivel narrativo, hemos pasado, en los último 20 años, de considerar el envejecimiento como vulnerable y frágil para hacerlo como envejecimiento activo, productivo, envejecimiento saludable, o creativo…etc. Y esto va a suponer un reto a la hora de enfrentar soluciones innovadoras y sostenibles si queremos mantener la sociedad del bienestar y el crecimiento económico.
Es por eso, que las iniciativas e innovaciones que van surgiendo en este sentido responden a un cambio de narrativa tanto política como social y son un importante nuevo mercado en el que el espíritu diferente de esta nueva generación tiene también un papel relevante en este cambio de paradigma, un cambio que permita evolucionar hacia la sociedad del bienestar, dando voz a las personas mayores, a sus sugerencias y experiencias como nuevos jubilados.
Para las personas que hoy están en edad de jubilación, dejar de trabajar podría suponer “dejar de hacer, dejar de estar, o dejar de ser…” y por tanto, se considera la actividad un signo de autonomía y de calidad de vida y, de alguna manera, con sus actividades, casi siempre altruistas, tanto a nivel familiar como social, las personas mayores también contribuyen al bienestar de la sociedad.
¿Qué es el envejecimiento activo?
El envejecimiento activo o cualquiera de las expresiones o terminología que con más frecuencia se escuchan en los últimos tiempos, como calidad de vida, independencia, esperanza de vida saludable, autonomía, o cualquiera de los conceptos antes comentados como: productivo, creativo, etc. están relacionados con un cambio de sensibilidad a la hora de hablar del envejecimiento.
El concepto ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Decíamos que antes se hablaba de envejecimiento saludable, es decir centrado en la salud, y ahora hablamos de un modelo más integrador que se define no solo por un proceso de mejora de las oportunidades de salud, sino también se define en base a la participación y la seguridad, que tiene un objetivo, y este objetivo es el de mejorar la calidad de vida de las personas en su proceso de envejecimiento.
Diríamos, por tanto que el envejecimiento activo es un proceso biopsicosocial que no se reduce solamente al mantenimiento de una buena salud, sino que implica el mantenimiento óptimo también de aspectos psicológicos y sociales.
Porque no solo es importante seguir siendo activo a nivel físico, también es importante permanecer activo social y mentalmente, participando de actividades culturales, sociales, recreativas o educativas. Y en este sentido es mucho lo que a nivel individual podemos hacer las personas mayores, dando voz a las preocupaciones o temores propios del envejecimiento en aras a trabajar en la búsqueda de un envejecimiento activo.
Se sabe que en el proceso de envejecimiento no hay nada predeterminado y aunque no podemos dejar de lado que hay variables genéticas que tienen un papel importante en el envejecimiento, también las personas, el individuo en sí es responsable con sus acciones y con su comportamiento a lo largo de toda su vida, en cuanto a que su envejecimiento sea más o menos satisfactorio y menos dependiente.
Para envejecer activamente es necesario, por tanto, promocionar los hábitos saludables, el funcionamiento cognitivo o psíquico, también el funcionamiento emocional, el control y los estilos de afrontamiento positivos y también la participación social.
Qué preocupa a las personas mayores en su proceso de envejecimiento?
Parece que la pérdida de autonomía es una de las mayores preocupaciones de las personas mayores. Más de un 92% de las personas mayores tiene miedo a perder su autonomía y necesitar cuidados constantes. Y en consecuencia tienen miedo a pasar a ser personas dependientes. Derivado de esa pérdida de autonomía, también les preocupa, el estado de salud, como el Parkinson, las caídas, los problemas digestivos, el Alzheimer, el dolor, problemas estos que dificultan mantener la autonomía personal.
Otras de las preocupaciones que también apuntan las personas mayores, son la pérdida de memoria, el sentimiento de soledad, también las pérdidas a las que se debe ir renunciando con el paso de la edad, como la viudez por ejemplo.
El proceso de envejecer a nivel biológico
Veamos ahora cómo es el proceso de envejecimiento a nivel biológico. No hay ninguna duda de que existe una correlación positiva entre la salud y el mantenimiento de una buena alimentación, ejercicio físico y relaciones sociales, al mismo tiempo que existe una correlación negativa entre la salud y hábitos de consumo de tabaco y alcohol, sedentarismo o padecer obesidad.
A nivel biológico ya se están trabajando con marcadores que podrían predecir la longevidad y el envejecimiento sano, aunque todavía queda mucho por investigar en ese sentido y conocer en profundidad cuáles son los mecanismos del envejecimiento tanto a nivel celular, genético, como muscular u óseo, por ejemplo. y tampoco se conocen cuáles son los factores de riesgo y de protección que permitan desarrollar programas preventivos.
Se argumenta también que el incremento en la salud no se ha correspondido con el incremento en la esperanza de vida. Hoy son muchas las personas que pasan de los 80 años, pero su calidad de vida, su salud se encuentra muy deteriorada.
¿ Cómo envejece el cerebro?
Con el envejecimiento, también el cerebro va experimentando cambios, a nivel anatómico, es decir se produce una reducción de su peso, también se produce un engrosamiento de las grandes arterias, por lo que se pierde elasticidad, y somos más vulnerables a los accidentes vasculares.
A diferencia de épocas anteriores en las que se decía que había una pérdida de neuronas, hoy, mediante sistemas de medición más sofisticados, se sabe que lo que se produce es un empequeñecimiento neuronal, aunque no en todas las regiones del cerebro por igual, con disfunciones en algunas estructuras cerebrales más que en otras.
Aun a pesar de ser cambios normales en el envejecimiento, éstos tienen impacto en el cerebro. Es decir una persona mayor sana experimenta un pequeño declive en su capacidad para aprender cosas y para recuperar información, como por ejemplo recordar nombres.
Por otro lado, tareas complejas de atención, aprendizaje y memoria son las más vulnerables, aunque si se dedica tiempo a realizar la tarea, la mayoría de las personas mayores sanas son tan productivas como cualquier joven. Lo que se produce, en realidad, es un enlentecimiento cognitivo. Es decir que el procesamiento de nuestro cerebro se vuelve más lento.
Pero veamos un poco más en detalle cómo se produce y cómo afecta, el envejecimiento sobre todo a nuestros sistemas funcionales y cognitivos, como el auditivo, olfativo, etc. :
El sistema auditivo:
De forma gradual, la pérdida de audición puede comenzar entre los 40 y los 50 años. Nuestra capacidad auditiva es sensible de manera especial en el proceso de envejecimiento, a los sonidos agudos, principalmente en aquellas personas que en su juventud han estado expuestas a situaciones muy ruidosas. Estos cambios en el sistema auditivo se deben a que el tímpano sufre un engrosamiento y se pierde elasticidad o se producen cambios en el nervio auditivo que nos incapacita para percibir con claridad los sonidos de alta frecuencia, es decir los agudos.
El sistema visual:
También, como en el sistema auditivo, las estructuras oculares cambian con la edad. El cristalino y la córnea se vuelven menos transparentes y menos flexibles y la pupila se vuelve más pequeña, por ello nos cuesta más, somos más lentos cuando hay oscuridad o a la luz intensa.
Además de la presbicia, comúnmente llamada vista cansada, y que se debe a la pérdida de elasticidad del cristalino, también hay otros trastornos visuales como consecuencia del envejecimiento, por ejemplo las cataratas, y algunas enfermedades como el glaucoma (aumento de la presión intraocular) o la degeneración macular (enfermedad degenerativa), por poner algunos ejemplos.
El tacto y el sistema somatosensorial:
Algunas investigaciones apuntan a que con la edad, se pueden ver afectadas las sensaciones de dolor, de temperatura, de presión y de tacto. Aunque no está claro si se trata de trastornos solo en edades avanzadas, ni tampoco se conocen exactamente sus causas, lo que sí parece es que se trata de una disminución del riego sanguíneo en los receptores del tacto, o en el cerebro o en la médula espinal.
Y es frecuente que con la edad incremente el umbral para distintos tipos de percepciones sensoriales. Y vemos cómo afecta a la destreza manual, a la estabilidad de la postura, a la sensación térmica o a la percepción del dolor.
Cuando además hay enfermedades adicionales que afectan al sistema circulatorio como la diabetes o los accidentes vasculares, o la artritis, éstas enfermedades pueden empeorar el desarrollo de estas funciones.
El sistema olfativo y el gusto:
El gusto y el olfato son sentidos que se complementan. Y sin olfato, se reduce el placer de disfrutar de una comida. Y solamente podríamos percibir los gustos primarios como dulce, salado, ácido o amargo. Dicen que los aromas tienen gran influencia en los estados de ánimo y que las fragancias tienen efectos beneficiosos en la depresión, el estrés, o la apatía y que pueden potenciar la felicidad, la relajación o la sensualidad.
También en este sistema se da una reducción en la cantidad de células receptoras o neuronas olfativas. Es a partir de los 70 años cuando hay una clara disminución de estas células o neuronas que pueden afectar a la capacidad de detectar olores o a una mayor dificultad para identificar los olores.
En cuanto al sentido del gusto, también disminuye el número de papilas gustativas, a partir de los 40-50 en las mujeres, un poco más tarde en los hombres. Aunque también hay otros problemas funcionales como consecuencia de la edad, como son la masticación por la pérdida de piezas dentales o dentaduras postizas, o por la disminución de saliva, lo que se conoce como boca seca.
Y existe además una asociación de olfato-gusto con la memoria, cuando un aroma o una fragancia nos lleva a un momento de nuestro pasado, y al mismo tiempo evoca también emociones implicadas en el momento en que lo percibimos. Es decir que, si la experiencia fue agradable tendemos a recordar el olor como algo agradable.
La motricidad :
Cuando hablamos de destreza motriz, nos referimos a las habilidades que pueden ser finas, cuando están relacionadas con actividades manuales, lo que se conoce como tacto fino, o las habilidades groseras que son aquellas que afectan a la postura y al desplazamiento.
Aunque los cambios que se producen como consecuencia de la edad puedan deberse a factores que pueden estar determinados genéticamente, también son el resultado de alteraciones metabólicas en las personas mayores, alteraciones como la artritis o la osteoporosis, por ejemplo.
Como causa del envejecimiento, la marcha puede ser más lenta, y también las acciones motoras en general se vuelven más lentas como consecuencia del deterioro de algunas estructuras del sistema nervioso.
La atención en el envejecimiento.
La atención necesita de cierto estado de vigilia que sirve para que nos preparemos fisiológicamente para poder percibir los estímulos del entorno. Aunque podríamos hablar de distintos tipos de atención, como, la atención focalizada, la sostenida, la atención dividida o la atención selectiva, nos vamos a centrar en esta última, que es el aspecto que más se ha estudiado en relación con el envejecimiento.
Se ha demostrado que en algunas tareas de selección, en general, las personas mayores son igual de eficientes que los jóvenes, pero hay otras tareas en las que se muestra deficiencias. Por ejemplo tareas complejas que requieren respuestas rápidas, debido principalmente, como decíamos, a que la velocidad de procesamiento también es más lenta.
El envejecimiento afectaría, por tanto, a esta capacidad, en función de la complejidad de la tarea, pero también en función de la práctica que se tenga en las tareas que se alternan. Es decir que a mayor práctica, la tarea se vuelve menos compleja y por tanto nuestra atención menos deteriorada.
El lenguaje en el envejecimiento:
En cuanto al lenguaje, este es un aspecto que no se altera con la edad, en cuanto a la capacidad de comunicación se refiere, aunque sí puede haber algunas dificultades a la hora de comprender o de expresarse en algunas situaciones.
La capacidad de procesamiento con la edad, decíamos, disminuye un poco y es habitual que las personas mayores necesiten que se les repitan las cosas en algunas ocasiones, al igual que necesitan releer un texto para comprenderlo mejor, en ocasiones.
La memoria en el envejecimiento:
Quizás sea la memoria uno de los aspectos de los que más se habla en la edad adulta. Debemos plantear la memoria no solo como un aspecto cognitivo más sino como un sistema, un sistema donde se guardan las experiencias y la información que recordamos, pero también como un proceso de retención de las experiencias aprendidas. La memoria está involucrada en todas las actividades mentales que desarrollamos.
Si partimos de que la memoria es un sistema funcional complejo, no parece haber dudas de que el envejecimiento va acompañado de cambios en este sistema que se asocian con el deterioro.
Tal como hemos visto antes, también la atención y la concentración se ven disminuidas con la edad y ello afecta a la asimilación de información novedosa y a la memoria en general. Aunque también aquí hay que diferenciar tipos de memoria, podemos afirmar que en el envejecimiento normal, es decir, al margen de la demencia o el alzheimer, ni los sucesos lejanos, ni el conocimiento del mundo que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, ni tampoco las habilidades que se han practicado con frecuencia, se ven deteriorados.
Y siempre, la pérdida de memoria se puede suplir con soluciones estratégicas que ayuden a paliar dicha pérdida de memoria.
En resumen tanto la conducta, lo que hacemos, como la cognición, nuestra psique son un proceso activo y continuado. Es decir, que las personas estamos realizando continuamente tareas con algún objetivo, un objetivo que guarda relación con nuestras necesidades y con nuestros deseos. Iniciamos el día, con el aseo, el desayuno, los desplazamientos, las actividades, etc. que se corresponden con las diferentes épocas y situaciones concretas de nuestra vida, como la escuela, el trabajo, la pareja, los hijos, los nietos, o la jubilación…
Envejecer no debe ser algo muy distinto de la realidad de las actividades del día a día, aunque debamos, lógicamente, adaptarnos a la situación de cada uno de nosotros y a la época de la vida que nos toca en cada momento.
Falsas creencias en torno al envejecimiento
Hay ideas preconcebidas sobre la vejez que son transmitidas culturalmente y que llevan a las personas mayores a percibirse, en ocasiones, como seres decrépitos, o que solamente son valoradas por su experiencia y por su sabiduría. Esta forma de discriminación social ha llevado a muchas personas a adoptar una imagen negativa de sí mismos y a actuar conforme a esa imagen.
Algunas de esas creencias o mitos contra las personas mayores serían: que todas son parecidas; que suelen ser personas solitarias; que son dependientes, frágiles; que tienen alteraciones cognitivas, o que están deprimidas, que son personas rígidas y de trato difícil o que tienen dificultades para sobrellevar el declive que es inevitable con el paso del tiempo.
Todos estos estereotipos conducen a lo que se llama “profecía autocumplida”, que quiere decir, que si uno piensa que el deterioro es inevitable no hará nada para enfrentarse a él y de esa manera, las posibilidades de hacer cualquier esfuerzo se reducen.
En el proceso de envejecimiento, aunque hay algunas desventajas, como que somos más lentos para aprender cosas nuevas o las dificultades de encontrar las palabras o recuperar nombres, hay también ventajas de los mayores sobre los jóvenes, como la experiencia adquirida, la capacidad para detectar intenciones y motivos de otros; el pensamiento que está orientado más a largo plazo; la tolerancia y la paciencia, una mayor capacidad resolutiva en los conflictos, sin olvidar el gran almacén de información personal, cultural e histórica que poseen las personas mayores.
Y sobre todo, la disponibilidad de tiempo, tiempo que podemos aprovechar para sacar el máximo partido para nuestro beneficio, y alcanzar así una mayor creatividad y productividad en lo que nos propongamos.
Envejecimiento y género
A la hora de tratar del envejecimiento no se puede pasar por alto la cuestión del género, pues no es lo mismo envejecer siendo hombre que siendo mujer. Los acontecimientos vitales de unos y otros hay que tenerlos en cuenta, entre otras cosas porque el ciclo vital de las mujeres incluye muchas variables que no están presentes en los hombres.
Nos referimos, entre otras cosas, a los roles que tanto hombres como mujeres han tenido en su desarrollo individual, roles tradicionales relativos a la pareja, la familia, el trabajo remunerado, el dinero, el sexo, etc. roles que en la segunda mitad del ciclo vital se van entrecruzando, las funciones asignadas a cada uno de los sexos se difuminan y son menos marcadas, de manera que los hombres se hacen progresivamente más dependientes y afectivos mientras que las mujeres se hacen más independientes y asertivas.
Las personas mayores de los próximos años, mujeres beneficiarias de las nuevas posiciones feministas, se van a enfrentar a la vejez con experiencias laborales, económicas, familiares, de poder y de estatus diferentes a las mujeres que les precedieron y por lo tanto dispondrán de mayores recursos económicos, sociales e intelectuales.
Cómo influye la soledad en la convivencia de los mayores
En una charla anterior ya hablamos de la soledad, y decíamos que la soledad es un estado y por lo tanto estará siempre a nuestro lado. También decíamos que en términos positivos podemos hacer de la soledad un espacio de reflexión, de creatividad, o de oportunidades. Dicen que se aprende más en un día de soledad que en cien de sociedad.
Y acabábamos diciendo que la soledad se vive como un sentimiento, que genera tristeza, nostalgia… y que la verdadera soledad va asociada no a estar solo, sino a sentirse solo. Porque no solo las personas que viven en solitario pueden llegar a sentirse solas, sino también se sienten, a menudo, solas las personas que viven acompañadas o en instituciones.
Muchas personas mayores afirman, una gran mayoría, que lo que entienden por soledad es un sentimiento de vacío y tristeza, o no tener a nadie a quien acudir, o carecer de razones para vivir, no sentirse útil para nadie, haber perdido a personas queridas, o no tener familia o tenerla lejos, principalmente. Pero también decíamos en esa charla, que nunca se está completamente solo, siempre hay alguien a quien acudir cuando lo necesitamos.
En esto también debemos ser activos, tomar la iniciativa para no quedarnos aislados, participando y buscando a personas, que como nosotros, también buscan la compañía de otros. O desarrollando actividades que favorecen la relación, como la participación social en los diferentes centros educativos, recreativos o culturales.
Ya se están promoviendo algunas Iniciativas desde un marco político y social en apoyo al envejecimiento activo.
Ante los retos de un envejecimiento activo que constituye, como decíamos, una esperanza de vida saludable, una mayor autonomía, independencia y calidad de vida, la mayoría de las personas mayores viven en su casa. En la sociedad española afortunadamente existe, además, un buen apoyo familiar. Y solamente cuando hay un grave deterioro de su salud o de su situación familiar, las personas mayores se trasladan a residencias.
Por aportar algún dato, solamente el 3,75% de las personas mayores de 65 años están en residencias y más de la mitad de estas personas tienen entre 80 y 89 años.
Existen además, otros servicios de atención como la Teleasistencia, la Asistencia a Domicilio y las ayudas técnicas que constituyen una gran ayuda y facilitan el cuidado a las familias.
También se dan pasos por parte de las instituciones para adaptar los espacios facilitando la movilidad y adaptabilidad de las personas mayores, por ejemplo adaptando el transporte y diseñando espacios para todos.
Desde la sociedad hay algunas iniciativas relevantes que pueden tener repercusiones en este sentido del envejecimiento activo. Por poner algunos ejemplos:
- Iniciativas de lucha para la dignidad de los mayores instaurando normas de cuidados dignos.
- Iniciativas de convivencia novedosas, como el co-housing, que es un tipo de vivienda colaborativa o de comunidad formada por viviendas privadas y servicios comunes o compartidos.
- Iniciativas culturales como por ejemplo el trabajo social que pueden realizar las personas mayores, por ejemplo en los museos difundiendo el arte y la cultura.
En definitiva iniciativas todas ellas encaminadas a la búsqueda activa de soluciones que constituyen un deseo compartido por parte de las personas mayores con el objetivo de lograr una mayor calidad de vida, y una mayor satisfacción personal y social.
A nivel de Euskadi ya se están poniendo en marcha iniciativas como Euskadi Lagunkoia que es una iniciativa promovida por el Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco para mejorar el bienestar de las personas mayores y que ha sido seleccionada como modelo de acción para la conferencia internacional que se ha celebrado en Septiembre en Lisboa sobre el envejecimiento.
En qué consiste esta iniciativa? Se han seleccionado 47 municipios de diferentes tamaños y diferentes realidades en los que mejorar espacios urbanos y adaptarlos a una mayor presencia y protagonismo de las personas mayores, que se exponía también en los carteles de la conferencia de Lisboa. En esta iniciativa son las personas mayores las protagonistas, de un proceso de generación de bienestar que tendrá resultados en nuestra vida cotidiana, reclamando una recuperación más racional de los espacios públicos, de las relaciones entre los ciudadanos y generar una red de iniciativas de amigabilidad en Euskadi.
Desde esa iniciativa en Donosti Lagunkoia arrancan diferentes proyectos que se están haciendo eco a partir de las redes sociales, como el proyecto BAGARA/SOMOS, con la idea de que “la edad no es una limitación para seguir aportando a la sociedad. Porque, como dicen ellos, los años no nos han convertido en pasado y nuestro presente sigue lleno de retos e inquietudes”. La idea es promover diferentes talleres o conferencias, por ejemplo sobre nuevos modelos de alojamiento y viviendas para toda la vida, como “La casa en una sociedad que envejece”, entre otras, que hoy precisamente está llevando a cabo en el Palacio Miramar de Donosti.
A través de las redes sociales, dan voz a las personas mayores que de alguna manera están dedicando su tiempo a diferentes actividades que con sus experiencias, historia y talento contribuyen con sus aportaciones a la sociedad. El pasado día 1 de Octubre, a propósito del Día de las Personas Mayores, se podía ver en las inmediaciones del hotel María Cristina, una exposición de la plataforma Bagara/Somos con testimonios de algunas de las personas que participan y colaboran prestando su tiempo y sus experiencias. Se puede ver más información a través de la web en http://www.bagara-somos.eus/eu/ que aparece en pantalla.
Otras iniciativas que se están llevando a cabo en este sentido es “Farmazia Lagunkoia o Farmacia Amigable”, que es una idea novedosa que nace con la vocación de que se cuente con una farmacia más social, más comunitaria y más implicada para que los ciudadanos, en general, y las personas mayores en particular, cuenten con una mejor atención por parte de la farmacia. Todo ello implicará, además, un cambio en el rol del farmacéutico”.
Además de Donosti, hay otros pueblos amigables o del proyecto Lagunkoia como Ordizia, Durango, Orio, Bergara, Eskoriatza, Eibar,…. Y por supuesto Aretxabaleta, que desde el pasado Julio es también un municipio amigable, un municipio que se define como “un entorno urbano, integrador y accesible, que fomenta la convivencia entre personas y el envejecimiento activo de las personas mayores”.
Aretxabaleta ya está trabajando en base a diferentes indicadores, como la vivienda, el trasporte, el respeto y la inclusión, también la participación ciudadana y el empleo, o la comunicación, los servicios sociales y de salud y los espacios al aire libre y los edificios. Pero además ya en el 2013 y desde este mismo espacio, el Basotxo, existía ya una inquietud a este respecto, siendo éste el punto de partida para esta iniciativa.
Como podemos ver, son muchas las aportaciones que como personas mayores podemos ofrecer a la sociedad, dando voz a nuestras preocupaciones, participando de las iniciativas o prestando nuestra colaboración en las actividades que se ponen marcha en los diferentes entornos.
Qué podemos hacer nosotros como mayores a nivel individual para envejecer de manera activa y saludable?
A nivel individual son muchas las cosas que podemos hacer. Para prevenir la dependencia es necesario fomentar el envejecimiento activo, orientado a la promoción de la salud, a la prevención de la enfermedad, a el acceso a la atención primaria y a los especialistas,…y aprovechando las mejorías fisiológicas, mentales y emocionales lograr más años de vida sana.
En la actualidad se pueden esperar alrededor de 8 años de vida sana o sin discapacidad después de los 65 años y se espera aumentar en dos años más la expectativa de vida sana. Consecuentemente, se esperaría también con el logro de esta meta, más años de vida independiente en la propia casa o en la casa familiar o en comunidades escogidas, sin necesitar de los servicios sanitarios de manera constante.
Para fomentar el envejecimiento activo, no cabe duda y además está probado, que son cuatro los pilares básicos que tienen un importante papel en la prevención del deterioro mental y que además reducen de forma considerable el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer. Estos pilares son la nutrición, el ejercicio físico, la actividad mental y la participación social. Y no cabe duda también que estos pilares correlacionan entre sí, es decir que lo que es malo para el corazón también es malo para el cerebro.
Empecemos por la nutrición. Existe una asociación directa entre malnutrición y enfermedades degenerativas como la arteriosclerosis, el infarto de miocardio, el cáncer, la osteoporosis, las demencias, diabetes, etc. Como existe también con otros factores, como la discapacidad física para desplazarse a la compra, o la falta de capacidad de preparar los alimentos, etc. que imposibilitan llevar una dieta saludable y rica en nutrientes.
Hoy existe cantidad de información de lo que se entiende por una nutrición o alimentación equilibrada y que podemos encontrar para evitar el desequilibrio de los nutrientes que son necesarios para un envejecimiento activo.
Hay algunas recomendaciones generales que ofrecen diferentes organizaciones. Veamos algunas:
Elegir de manera correcta los alimentos que compramos, como frutas y verduras frescas, evitando guardar la comida durante mucho tiempo, sin cocinarla. Es conveniente consumir una dieta variada.
No recalentar la comida muchas veces para no alterar su calidad. Se puede cocinar una vez para varios días, congelando en pequeños recipientes para otros días.
Preparar platos sencillos y cuidar su presentación, para hacer de la comida un momento agradable y disfrutarlo.
Es mejor hacer 4-5 comidas al día en cantidades pequeñas y no evitar el desayuno.
Es muy importante reducir el aporte de sal en las comidas. Y cuando hay que evitarla, se pueden utilizar especias para sazonar los alimentos.
Es conveniente beber muchos líquidos, principalmente agua, colocando una botella o un recipiente a la vista que nos recuerde que debemos beber.
Moderar el consumo de bebidas alcohólicas, especialmente cuando se toma medicación.
Es importante una adecuada higiene bucal, cuidando de la dentadura, para poder masticar adecuadamente y no tener que suprimir alimentos de nuestra dieta.
Evitar el consumo de tabaco que además inhibir el apetito, y producir cáncer, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, entre otras.
Y también consultar con el médico familiar por si fuera necesario el aporte de vitaminas y nutrientes que complementen nuestra alimentación.
El ejercicio físico:
Tan importante como la alimentación es el ejercicio físico. Y aunque todavía se sigue investigando acerca de cuáles son los ejercicios más recomendables y cuánto tiempo han de practicarse, o cuáles son aquellos que producen efectos más rápidos, si hay consenso en afirmar que la actividad física contribuye a moderar el deterioro tanto en la cognición como en la función y estructura cerebral producidos por el envejecimiento y contribuyen también a mantener la plasticidad cerebral hasta edades avanzadas.
Hay algunas sugerencias que se hacen en este sentido y que se pueden incorporar a la vida diaria:
En lugar de tomar el ascensor, subir por las escaleras.
Aprovechar cualquier excusa para caminar, incluso cuando no se puede salir a la calle por el mal tiempo, realizando tareas que exijan movimiento. No abusar del sofá. Se recomienda alrededor de una hora de caminata, aunque siempre es conveniente consultar con el médico de familia que nos puede indicar qué ejercicio se adecua más a nuestra situación.
Otras actividades como el yoga o el taichí son altamente recomendables que además de ayudar a tonificar, tienen otros componentes terapéuticos, como el aumento en la concentración o el crecimiento personal. Estas prácticas favorecen también la flexibilidad y la calidad del sueño.
Realizar el ejercicio físico en compañía estimula además las relaciones sociales, y se disfruta y se mantiene la motivación.
La actividad mental:
Estudios importantes han revelado que la educación formal, es decir, la formación ayuda a protegerse de los efectos de la enfermedad de Alzheimer. Con esto no se quiere decir que se puede prevenir la enfermedad, pero sí que sus efectos son menores, permitiendo a la persona un rendimiento normal ante algunas anormalidades cerebrales.
Hay numerosos estudios que apuntan a que la práctica y el entrenamiento de ejercicios mentales puede contribuir a compensar el declive en habilidades de razonamiento en personas mayores, habilidades de la vida diaria, como comprar, cocinar o manejar la economía doméstica, por ejemplo.
Por ello, es importante implicarse en actividades cognitivas como leer, participar en juegos de mesa o en juegos informatizados, realizar manualidades, o participar en actividades sociales, que está asociado a una disminución de entre un 30 y 50% del riesgo de padecer deterioro cognitivo leve.
La participación social
Cada persona debe afrontar su propio proceso de envejecimiento desde un papel activo y sin desconectarse o aislarse de la sociedad. La participación social es una de las estrategias con más peso en este modelo de envejecimiento activo que estamos hoy tratando en esta charla. Por ello la participación en actividades sociales tiene una función de estimulación cognitiva que ayuda a reducir el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.
Las personas, mediante la socialización interiorizan experiencias de su entorno social más próximo y éste influye en su conducta, en sus creencias y en sus emociones. Por no hablar de la valiosa experiencia vital en estas edades que debe ser una contribución para la evolución de la sociedad.
Tanto en la charla sobre el sentimiento de soledad como en la del manejo del duelo, ya se puso de relieve la importancia de conectar con otras personas y de los beneficios de los vínculos de mantener relaciones que, sin duda, ayudan a envejecer con éxito.
Son muchos los espacios donde poder participar de manera activa, el propio centro en el que estamos, y otros muchos. Y son muchos los programas que se diseñan para promover la participación, como los talleres de baile, cocina, informática, excursiones, y estas propias conferencias, que nos “obligan” a reunirnos a unas cuantas personas en torno a un tema que nos pueda interesar.
Y a nivel individual, también las personas mayores podemos fomentar esta participación, sugiriendo o ayudando en el diseño de programas de enriquecimiento social y cultural, como ya lo están haciendo numerosas personas, también en este centro.
Porque la voz de las personas mayores también cuenta
En el proceso de envejecimiento es necesario pasar de las quejas al protagonismo, de manera que se visibilicen los temores o las preocupaciones de las personas mayores, principalmente en los medios de comunicación social, con el fin de difundir una imagen positiva de las personas mayores y promover un diálogo continuo entre los profesionales de la comunicación y las personas mayores. Para ello es necesario pasar de ser agentes pasivos, a ser oyentes, lectores y televidentes críticos y participativos, no siendo meros consumidores de cualquier contenido.
¿Cómo se hace esto? Una forma puede ser contrastando las noticias de diferentes medios, de diferentes cadenas de televisión o de radio, y confrontar informaciones y opiniones que más se ajusten a la realidad. Tener la capacidad de disentir, cuestionar las opiniones, no darlo todo por bueno…También huir del sensacionalismo y ser críticos con los medios y hacerles llegar nuestras críticas cuando la información no se ajuste a la realidad.
Y aprovechar los foros, asociaciones, e instituciones para dar voz a nuestras preocupaciones y fomentar el derecho a una información digna para las personas mayores.
Todo ello, sin olvidar nuestra participación a nivel político, donde nuestra voz puede tener influencia sobre las decisiones políticas, lo que llamamos información de abajo a arriba, es decir que sepamos como personas mayores, influenciar a los consejeros locales y autonómicos para que nuestras opiniones sean tenidas cada vez más en cuenta.
Ya se habla de la gerontolescencia, como gusta llamarlo a uno de los expertos mundiales en vejez (Alexandre Kalache). Sería algo así como la adolescencia en los jóvenes y con este término viene a decir que al igual que hasta la Segunda Guerra Mundial la adolescencia no existía, y los niños debían de trabajar para comer. Ahora las personas mayores tampoco van a envejecer como sus padres. Pero eso es algo que no nos va a proporcionar la sociedad porque sí, es algo que tenemos que conquistar, entre otras cosas porque tenemos una conciencia de derechos y un pasado de activismo, de lucha, que personas de otras generaciones no tuvieron, y de esta manera nos abriremos camino, haciéndonos oír y ser escuchados.
Porque las personas mayores queremos participar con una voz que sea no solo oída, sino también escuchada.
¿Cuál es el papel de la psicología o el psicólogo en el envejecimiento activo?
Al igual que decíamos tanto en la charla sobre el sentimiento de soledad, como en la del manejo del duelo, cuando no somos capaces por nosotros mismos de encarar, en este caso, el deterioro físico, emocional o cognitivo es necesario contar con la ayuda de los profesionales de la psicología que nos pueden enseñar a desarrollar estrategias internas de afrontamiento frente a los problemas.
Y, cómo puede ayudar el psicólogo a modificar algunos de los problemas que aparecen en la vejez?
Algunos ejemplos serían…
Frente al declive intelectual, mediante el entrenamiento en la realización de ejercicios mentales.
Ante los olvidos, enseñando estrategias para recordar, por ejemplo apuntando las cosas en post-it, en un papel, en el móvil…
Frente al sentimiento de soledad, fomentando el incremento en actividades agradables y desarrollando habilidades sociales para conectar con gente.
Frente a la lentitud de movimiento, enseñando a hacer ejercicios, actividades, caminar…
Si notamos la movilidad reducida, mediante estiramientos.
Si dormimos mal, enseñando a practicar la relajación y los hábitos de sueño saludables, como irse a dormir siempre a la misma hora; no abusar de ver la televisión, leer antes de dormir…
Si notamos fatiga, aprendiendo a realizar ejercicios aeróbicos.
Si sentimos depresión o estado de ánimo deprimido, llevaremos a cabo actividades agradables y también se puede entrenar en reestructuración cognitiva. Se trata de entrenar para cambiar los pensamientos automáticos por otros alternativos.
Ante el aburrimiento, buscaremos crear nuevos aprendizajes.
O si tenemos la presión arterial alta, buscaremos fortalecer el ejercicio físico y controlaremos el peso.
En definitiva, podemos aprender a utilizar estrategias de afrontamiento que los profesionales de la psicología pueden poner a nuestro alcance y que nos ayudará en este proceso de envejecimiento activo.
Pero además de todas estas estrategias que se pueden aprender para envejecer de forma activa, el psicólogo es, sobre todo, ese profesional que escucha, que empatiza, que no juzga, que está ahí para propiciar el encuentro de la persona consigo mismo, con su deseo, ese deseo que nos da la posibilidad de “elegir” el viejo que queremos ser. Y señalar también que la falta de deseo no es propia solo de las personas mayores, eso son también prejuicios que nos han sido transmitidos culturalmente y que va a depender de nuestro afrontamiento en el proceso de envejecimiento.
Envejecer con dignidad – Rita Levi Montalcini
Me gustaría acabar esta charla con unas citas de una gran Neurocientífica :Rita Levi Montalcini, que murió en el 2012 a los 103 años. Descubridora del factor de crecimiento nervioso, por el que recibió el Premio nobel de Medicina en 1986.
- El cuerpo se me arruga, es inevitable, pero no el cerebro.
- El cerebro nunca debe jubilarse, sino trabajar noche y día, porque a cierta edad -como la mía- ya no es necesario dormir, es una pérdida de tiempo.»
- A los cien, mi mente es superior, gracias a la experiencia, que cuando tenía 20 años.»
«En lugar de añadir años a la vida, es mejor añadir vida a los años.»
«No temas a las dificultades: lo mejor surge de ellas.» - Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar y nunca se degenerará.
- Qué haría si hoy tuviese 20 años? Pero si estoy haciéndolo.
Imágenes: Rosa Rosado
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