La actividad mental en el proceso de envejecimiento activo (de la conferencia: retos sobre el envejecimiento activo en el Siglo XXI)

Estudios importantes han revelado que la educación formal, es decir, la formación ayuda a protegerse de los efectos de la enfermedad de Alzheimer. Con esto no se quiere decir que se puede prevenir la enfermedad, pero sí que sus efectos son menores, permitiendo a la persona un rendimiento normal ante algunas anormalidades cerebrales.

Hay numerosos estudios que apuntan a que la práctica y el entrenamiento de ejercicios mentales puede contribuir a compensar el declive en habilidades de razonamiento en personas mayores, habilidades de la vida diaria, como comprar, cocinar o manejar la economía doméstica, por ejemplo.

Por ello, es importante implicarse en actividades cognitivas como leer, participar en juegos de mesa o en juegos informatizados, realizar manualidades, o participar en actividades sociales, que está asociado a una disminución de entre un 30 y 50% del riesgo de padecer deterioro cognitivo leve.

Continuará…


Imágenes: Rosa Rosado

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