“Dar lo que no se tiene” en el Amor

Cuando nos damos cuenta de que hay una falta en ser, llamamos al Otro para que dé sentido al interrogante sobre nuestro deseo, pero el Otro no tiene respuestas sobre el ser del sujeto y lo que encuentra es una falta en el Otro, un punto de no saber.

En las relaciones de pareja se entrecruzan el deseo con el amor, buscando un equilibrio entre la libido narcisista y la libido de objeto, tendencias inconscientes que buscan sostener el deseo sin amor o el amor sin deseo. Se trata de una ambivalencia en cuanto a que si se ama no se desea y si se desea no puede amarse.

El amor está marcado por ese primer objeto de amor que es la madre y lo que buscamos a partir de ahí no es otra cosa que este amor primario en los objetos de amor sucesivos. Es por eso que en la demanda de amor buscamos algo más en el objeto amado, buscamos dar lo que no se tiene, buscar la completud en el Otro, pero el Otro tampoco lo tiene porque no lo es Todo, posee la misma incompletud.

Por eso la unión de un hombre y una mujer en torno a esa figura del Todo no es posible porque siempre está la falta, y precisamente ante la falta es que surge el deseo que muestra que el otro no completa la falta, sino que la falta está en uno mismo, falta que si se asume como tal originará el máximo placer y dará paso a la creatividad.

Una relación solo se podrá sostener en tanto en cuanto incluya, como su esencia, la falta y mientras la falta existe, existirá el deseo.

Por el contrario, en el enamoramiento predomina la libido de objeto en detrimento de la libido narcisista o del yo y que la persona (objeto en ese caso) del que el sujeto se ha enamorado está idealizado. Lo que hay es una dependencia del objeto amado que rebaja el sentimiento de si el que está enamorado está humillado, y es precisamente ese malentendido el que hace posible el amor, que surge como mecanismo que prevenga de una excesiva fetichización del objeto erótico. Solo el amor suple el imposible acoplamiento, esa ausencia de falta de complementariedad, sin fisuras entre una pareja y alimenta la ilusión de que la fusión narcisista es posible.

Muchas veces el ser humano ofrece todo lo que tiene, atiborra con lo que tiene, para no dar lo que no tiene. En lugar de dar la falta, lo que no se tiene, damos el goce más denigrado bajo la forma de los bienes, de aquello que está en el mercado de consumo.


Imágenes: Oihana Barato

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