Momentos difíciles cuando tu mascota se va, cuando tras esa partida después de casi trece años deja en tu alma un vacío que parece imposible de llenar. Dicen que la intensidad del duelo dependerá de la intensidad de los vínculos de apego. Arko es, ha sido, más que una mascota, más que un perro, más que un animal. Hoy nos sobran las etiquetas, las categorías. Arko es el compañero, el amigo fiel, uno más en la familia, que ha emprendido otro viaje, su viaje final, ese que hará que finalmente descanse en paz.
Nosotros emprendemos hoy ese proceso de elaboración necesario para reconstruir un mundo que parece hecho añicos. Un proceso que requiere tanto esfuerzo y tareas de elaboración como cualquier otra pérdida que experimentamos en nuestras vidas.
Es necesario iniciar el proceso dejándonos sentir, sentir pena, sentir tristeza, sentir ira o cólera. Es necesario transitar por todas las fases de un proceso de duelo, hasta que finalmente aceptemos la partida, aceptación que implica que aceptamos la realidad de que se ha ido físicamente. Arko siempre estará en el recuerdo una vez que hayamos aceptado su viaje. Es entonces cuando vamos a poder invocar su recuerdo sin sentir tanto dolor.
Tratar de evitar sentir la culpa que en una de las fases del proceso de duelo resulta casi inevitable (a menudo pensamos que depende de nosotros, que podemos evitarlo) y recordar que él no hubiera podido tener mejor “dueña”, mejores cuidados, mayor integración en la familia. Que fue compañero de muchos y distintos viajes, que…fue feliz estando entre nosotros. La muerte es inevitable, forma parte de la vida, y es momento de despedirse, de ubicarlo en otro plano en nuestra mente y seguir viviendo.
Y…duele sí, cuando un amigo así se va, duele.
Imágenes: Sandra Rosado
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