El vínculo de una madre para con sus hijos parece algo natural, sagrado, y por eso cuesta aceptar que haya madres que no quieran a sus hijos. Y por eso, también, se hace tan difícil cortar ese vínculo emocional. Se puede llegar incluso a soportar un trato emocionalmente distante, lleno de descalificaciones, de críticas, de malos tratos…hasta el extremo que es la propia madre que, en una posición de víctima, decide distanciarse más aun y cortar todo vínculo con sus hijos. Asumir, a una edad adulta, que tu propia madre no te quiere tiene consecuencias tan graves como cuando sientes que no solo no te quiere en esta etapa de tu vida, sino que tal vez tampoco lo hizo en otras, como la infancia o la adolescencia.
Las cartas terapéuticas son una técnica narrativa, una herramienta mediante la cual una persona expresa sentimientos o emociones que no puede expresar de manera verbal. Es una forma de dar salida a todo aquello que no se puede expresar de otra manera, y cuya finalidad es ayudar a liberarse de situaciones difíciles, dejar ir y cerrar un ciclo de forma simbólica y emocional.
Hoy he escrito una carta a mi madre (que nunca le leeré) para hacer las paces con mi niña interior. En ella le digo: “que entiendo, no justifico, que en su infancia hubiera, quizás, ausencia de calor, de afecto o de amor; agresividad tal vez, indiferencia o rechazo. Entiendo que su vida tampoco haya sido fácil. Es posible que así te enseñaran a amar y no sepas hacerlo de otro modo, replicando así ese comportamiento. No creas que es fácil para mí expresar lo que siento, o lo que debería sentir por una madre. Quiero decirte, que siento mucho no haber sido la hija que querías que fuera. Tampoco he entendido qué es lo que no te gusta de mí, ni el motivo de tu rechazo hacia mi persona.
Te he respetado, siempre. He buscado tu aprobación y reconocimiento, intentando agradarte y sentirme suficiente para ti o merecedora de tu amor. Sin embargo, no ha sido bastante para ti. No se, aún hoy, que esperabas del amor de una hija. No sé, aún hoy, qué esperas de mi. Es difícil la comunicación contigo. No me dejas acercarme. Entiendo incluso que sientas hacia mí cosas negativas, pues tampoco soy perfecta.
Quiero que entiendas que esta carta no es una carta para reprocharte nada, pues uno hace lo que puede con lo que tiene o con lo que hicieron de él/ella. No soy tu víctima, pero quiero que entiendas el daño que ese comportamiento (o ese tipo de afecto) puede tener para los hijos. Y en todo caso no todo sería reprochable, de serlo, porque como madre has cubierto las necesidades básicas, (cuidados físicos, nutrición….) diría que incluso con creces, que un niño necesita en su edad mas temprana. Echo de menos, tal vez, a una madre emocionalmente presente y accesible.
No soy tu víctima. Te respeto y me libero de las cargas que no me corresponden. Y quiero darte las gracias, a pesar de todo, porque todo esto que he sentido me ha ayudado a tomar el rumbo de mi vida y no sentirme culpable. Me ha ayudado a establecer un vínculo de amor con mis hijos, aceptándoles en lo que son o lo que quieren ser. Pues tenemos la libertad y la capacidad para tomar el control de nuestra propia vida y vivir en armonía. Y sobre todo he aprendido a rodearme de personas que me aman, me respetan y me dan un lugar en sus vidas”.
* basado en casos e intervenciones terapéuticas reales, que cuenta con el consentimiento del paciente para su publicación, omitiendo, como no podría ser de otra manera, cualquier dato que ponga en riesgo la confidencialidad del mismo.
Imagen: creada con IA
Deja un comentario