Igualdad de derechos: el proceso de cambio sigue siendo lento

Feminista significa principio de igualdad de derechos para hombres y mujeres (según el diccionario de la Real Academia de la Lengua). Ni supremacía de las mujeres ni odio a los hombres. La palabra feminista no designa solo a las mujeres que luchan por esa igualdad, también a los hombres que apoyan esa causa. 

Practicar el feminismo y combatir la desigualdad es un camino difícil, en la práctica. Intentar ser mujer a la vez que persona sigue siendo todavía algo novedoso. No existen tantos modelos que nos guíen en ese sentido. Se trata de politizar lo privado: el rol de madre, el de pareja, la relaciones laborales y políticas públicas, por ejemplo. Pero además hoy las identidades de género no se limitan solamente al binomio hombre-mujer. Hay identidades transgénero, cisgénero, género fluido, no binarios….etc. que requieren de otra mirada, de otro debate. 

Como en todo movimiento, surgen diferentes corrientes que diferencian las características de una misma lucha social. Mientras que una corriente (la radical) busca eliminar la desigualdad yendo a la raíz (el patriarcado), otra de las corrientes parte de la sociedad en la que interactuamos para combatir la desigualdad subrayando la diversidad de las mujeres, en cuanto a etnia, clase, raza, cultura, sexualidad…

El feminismo de ahora es heredero de los logros que la militancia, el compromiso y la lucha de otras mujeres que nos han precedido. El 8 de marzo se celebra los derechos que se han conquistado por parte de las mujeres en todos los ámbitos conmemorando las luchas y los sacrificios que se han conseguido. Y a pesar, o además de, los derechos conseguidos, el proceso es lento. Sigue siendo necesario reflexionar y luchar por una participación igualitaria en la sociedad por la igualdad, o contra la desigualdad, entre géneros a todos los niveles. 

Es lento el proceso de cambio y la toma de conciencia en la sociedad en cuanto a las desigualdades entre géneros y, desde la psicología, se puede explicar, en parte, por los mecanismos tan arraigados en nuestra mente, que son los estereotipos de género. Estereotipos que cumplen una función de mecanismos de control que determinan aquello que se desvía de la norma o que no es aceptable. Hoy todavía los estereotipos de rol, de ocupación, de fisiología o rasgos físicos están muy fijados y requieren de una profunda concienciación para seguir avanzando hacia la equidad en derechos y libertades. 

Afortunadamente, los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad van mutando. Se insta a los hombres a incorporar emociones y a las mujeres a avanzar en nombre de la igualdad ante la ley a lo que se ha venido atribuyendo a los hombres. También los homosexuales incorporan derechos y símbolos atribuidos a los heteros, como el matrimonio, por ejemplo. Y las formas de amar son ahora más fluidas en contra de la rigidez de otros tiempos.

Sin embargo, parece que entre los mas jóvenes el antifeminismo está creciendo en todos los grupos de edad. Consideran que el feminismo impone un pensamiento único. Que el feminismo actual les posiciona en una situación de inferioridad y les hace parecer vulnerables ante la mirada femenina. Se sienten desprotegidos ante la presunción de inocencia frente a una agresión. 

Por eso, es preciso perder el miedo a reconocer lo que piensan los más jóvenes y escuchar lo que tienen que decir para implicarles, como un agente más, y el poder que tienen ellos para arreglar una sociedad tan deteriorada. A la vez que estar dispuestos (ellos) a escuchar también de las mujeres para ser aliados efectivos, educándose a sí mismos y compartir con otros hombres sus conocimientos creando una mayor conciencia sobre la importancia que tiene la igualdad de género.


Imagen: creada con IA

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