La dignidad no se negocia

Ya desde el nacimiento y tal vez desde antes de nacer comienza la lucha por el reconocimiento. Cuando un bebé tiene hambre, necesita algo, o lo dejan solo, llora y patalea. Actúa de ese modo porque no lo reconocen. Y solo llegará a calmarse cuando sienta que es reconocido. Ahí se juega la dignidad con los otros, desde ese primer momento, si no antes. Esto implica un reconocimiento por parte del otro del cual el sujeto se piensa merecedor. Cuando no se da este reconocimiento, a menudo, lo que se genera es un sentimiento de frustración, que hay que aprender a manejar. Aunque ésta (la frustración), no es objeto de este post, sino la dignidad, la dignidad y el respeto por uno mismo.

La dignidad y el respeto son dos caras de la misma moneda. Para ser respetado por los otros, uno debe respetarse a sí mismo. Y para respetarse es necesario valorarse. La pregunta siempre debe ser hacia adentro, sobre el deseo, sobre la libertad o la responsabilidad de nuestros actos. Cuando nos damos un espacio para pensar todas las cosas que nos recorren todos los días, y solo cuando sentimos satisfacción por las elecciones y determinaciones de nuestra vida nos pensamos merecedores de ese reconocimiento, nos sentimos dignos.

Y aunque no sea un derecho natural, sí constituye la base de los derechos fundamentales de todo ser humano. Nadie te puede quitar la dignidad, eres tú quien la pierde. Nuestras actitudes dependen de nosotros. La dignidad no se negocia, porque solo así nos afirmamos en nuestro derecho a ser tratados con respeto. Todo lo contrario conduce a someternos a situaciones donde se dé el abuso, la manipulación o el maltrato. Lo que lleva al sujeto a perder la autoestima por creerse inferior a los demás. 

Preservar nuestra dignidad implica reflexionar acerca de si las decisiones que tomamos están en  coherencia con nuestros valores y, aunque en ocasiones la dignidad no dependa en exclusiva de nosotros, sino del entorno social, económico o político, siempre es responsabilidad de cada sujeto no perder su dignidad y dejar que la manipulación, la instrumentalización o el menosprecio de los demás minen su autoestima y el autorespeto.

Y si hay un límite en el amor, este se llama dignidad. Esa debería ser la primera lección cuando se inicia una relación afectiva, porque en el amor no todo vale. Empezar una relación no implica necesariamente renunciar a lo que somos, a lo que el otro es. Lo que es necesario es alcanzar una madurez emocional que nos lleve a darnos cuenta que de lo que se trata es de un proyecto común sin renunciar a lo que se es. Y aquí, el amor propio juega un importante papel. Es la única manera de tener algo para dar, cuando nos valoramos y respetamos para protegernos, estamos hablando de dignidad. Porque los demás solo pueden vernos como nos vemos a nosotros mismos.

Pero si hay algún momento en el que la dignidad está en peligro, este es el momento de ruptura de una relación. Es inevitable sentir tristeza, dolor, miedo o frustración por la pérdida y pensar que no somos merecedores de que nos ocurran cosas buenas. Y perdemos la capacidad de relacionarnos de forma horizontal. Pero es necesario y más sano dejar ir (con dignidad); disolver el ego que se va a resistir, dejando de entregarnos al apego y buscando la libertad. 


Imagen: Imagen generada con IA

4 comentarios sobre “La dignidad no se negocia

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  1. «Y si hay un límite en el amor, este se llama dignidad. Esa debería ser la primera lección cuando se inicia una relación afectiva, porque en el amor no todo vale.»…
    Totalmente de acuerdo con todo el contenido de tu magnífico artículo. Muchas gracias por compartirlo 🙂🌿🍀

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