La responsabilidad es siempre de uno mismo. Es hacerse cargo de las consecuencias sobre uno y sobre los demás de las acciones que uno mismo decide. Implica asumir que los actos que realizamos de manera intencionada y consciente tienen consecuencias y que no hacerlo nos coloca en una posición de huida, de no asunción de nuestro compromiso y, a menudo, de poner en los demás la responsabilidad que como sujetos solo nos atañe a nosotros. Esos sujetos hacen de la queja un síntoma, que es la falta de responsabilidad y es por eso que ante un problema se disfrazan de víctimas culpando a los demás y liberándose de toda responsabilidad.
Pero la responsabilidad es siempre de uno. Y es de responsabilidad y no de culpa donde debemos poner el acento. Culpable se es de un delito o de un pecado y así seremos juzgados, por la Justicia o la Religión, respectivamente, si de culpa se trata. De todo lo demás somos responsables. Y la responsabilidad se ejerce de manera voluntaria y consciente de que cualquier pensamiento puesto en acto solo el sujeto es responsable.
El principio de responsabilidad ha sido siempre un mantra para los grandes filósofos de la historia, y aún en nuestros días aún lo sigue siendo. Casi todos ellos (los filósofos) se refieren a la responsabilidad como una virtud. Palabra ésta (virtud) que está en desuso actualmente. Parece que más que una crisis de valores, como se dice hoy en día, lo que hay es una pérdida de virtudes. Y la responsabilidad es una de ella. Desde la moral socrática entendida como la práctica del bien, hasta la mas kantiana para quien se trata de una virtud individual de concebir de forma libre y consciente los actos de nuestra conducta, la virtud o las virtudes como hábitos del bien son apoyos imprescindibles para seguir adelante y escoger el bien como sociedad.
Con responsabilidad no se nace, la responsabilidad se hace. Y no es cosa de adultos, únicamente. Desde los primeros años, la responsabilidad se aprende bajo la supervisión de los adultos. Y no solo con la supervisión sino también con el modelo. Ser modelo de responsabilidad para los más pequeños, y enseñarles lo que implica asumir la responsabilidad se lleva a cabo a través de la confianza en sus posibilidades, de enseñarles a aceptar el compromiso para alcanzar los objetivos acordes a su edad y la perseverancia para conseguir esos objetivos.
Ejercer la responsabilidad genera beneficios porque aumenta la autoestima, la autoconfianza, y en general, la autogestión emocional. Implica adquirir un mayor control de la vida, tener mejores relaciones con los otros y mejora el bienestar emocional. Tomar decisiones asumiendo la responsabilidad de sus consecuencias ayuda a aprender de los errores, aumentando la seguridad en uno mismo y en derivado una mayor autoestima, porque solo uno mismo tiene el control de los pensamientos, de las acciones y de la conducta, lo que hace personas emocionalmente más saludables.
Imagen: Rosa Rosado. (creada mediante IA)
Muy claro el escrito de la responsabilidad, lo que más me ha gustado es la referencia al protagonismo de los padres a la hora de generar modelos para los hijos y así darles herramientas para ser felices
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Es cierto, Luis Mari, el modelado es importante, especialmente en esas edades en las que los padres juegan un papel relevante para los hijos, hasta la caída de “padre ideal”. Gracias por leerme. Un saludo.
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