A diferencia de una relación de pareja, en las relaciones de amistad no es necesario mantener una frecuencia en la interacción para que ésta sea, ni tampoco una presencia continuada. Podemos reencontrarnos con un amigo después de mucho tiempo y las emociones que surgen son casi las mismas que recordamos. Y al igual que en el amor, en lo social, en la amistad también se juegan relaciones de poder, que se ejerce como una estrategia de dominación, sin que, por otra parte, podamos hacer nada al respecto, puesto que nos constituye, no está por fuera de nosotros.
En esta estrategia de dominación en la relación con el otro, la clave está en que no sea necesario llegar a utilizar ese poder que hemos entregado a alguien que hacemos depositario de nuestra vulnerabilidad, nuestros deseos, nuestras virtudes, nuestros defectos…Solo así, permitimos que en la interacción se juegue la aceptación del otro en su singularidad. Y evitar ponerse por encima, dejando que el otro sea y mostrando confianza para que también sus intereses y opiniones se tengan en cuenta.
La amistad evoluciona a lo largo del tiempo. Los amigos van cambiando con la vida. Son parte del desarrollo personal y al igual que en el amor de pareja, los amigos llegan a nuestra vida, y la vida de nuestros amigos y la propia cambia y, ya no estamos en la misma página de la historia. Tenemos intereses diferentes o situaciones personales, profesionales o familiares distintas, o simplemente hemos tomado caminos diferentes. Aún así, los amigos que han pasado por nuestra vida en cualquier etapa de desarrollo, han dejado su huella, a veces incluso negativa.
¿Cuando se puede considerar que una amistad es peligrosa? Cuando no existe reciprocidad y respeto entre las partes, y en todo momento das más de lo que recibes, o siempre acatas los deseos del otro para evitar consecuencias no deseadas, o no se tienen en cuenta tus opiniones y se termina haciendo siempre lo que el otro decide…Te das cuenta que esa relación de amistad va solo en una dirección; hay manipulación, o solo nostalgia de una pasado mejor, o dejas de ser tu mismo dejándote arrastrar por el otro.
Las personas tóxicas en una relación no te acompañan, aunque al principio te hagan sentir parte de ellos mismos. Son poco constructivos cuando se trata de hacer una crítica. Juzgan tus decisiones, mostrando poca empatía. Demandan un protagonismo continuado, y no soportan que la atención vaya dirigida a ti en algún momento. Adolecen de coherencia, llegando a confundirte en su ambivalencia entre lo que dicen y cómo actúan. Y al igual que en el amor de pareja, o entre hermanos, en las relaciones de amistad hay una emoción que surge cuando se siente una amenaza. Son los celos, que aparecen como consecuencia de una falta de seguridad, autoestima y confianza en uno mismo. Una falta de amor propio, en cualquier caso.
Porque romper una amistad nunca es fácil, y duele. Surgen muchas emociones que hay que manejar, la tristeza o la culpa por ejemplo. Pero hay que tomar distancia y alejarse, y si es posible, mantener una conversación de manera asertiva y honesta que no lastime a ninguno. Salir del juego de la culpa y dejar ir, sintiendo la pérdida y llevando a cabo el proceso que toda pérdida lleva consigo. Y pensar que, a veces, dejar una amistad es inevitable y es la mejor decisión que has podido tomar.
Imagen: Sandra Rosado
Deja un comentario