Y si ponemos a trabajar nuestro deseo?

Entre el deseo, la necesidad o la demanda para empezar el nuevo “curso”, donde está la diferencia?.

Cuando hacemos balance de nuestro pasado y proyectamos nuestro futuro, emociones, sentimientos o síntomas nos impulsan hacia la movilización y a la búsqueda de la transformación y tienen que ver con la felicidad o el bienestar, el amor, la sexualidad, la pérdida o el duelo, el miedo, la angustia, la frustración, la soledad, la depresión, la ansiedad, la autoestima, la culpa, el cuidado de los otros, la libertad, el deseo o motivación, la responsabilidad…Todo eso que nos sucede mientras estamos siendo. 

El deseo surge de la separación entre la necesidad y la demanda. La necesidad nos coloca en aquello que tiene que ser satisfecho, como son las funciones fisiológicas (la respiración, el sueño, la alimentación…). Nos acerca más a lo animal como organismo. Por eso una vez satisfechas estas necesidades, hay un progresar hacia la búsqueda de nuevas satisfacciones, mediadas por el deseo, expresado por el lenguaje y transformado, por tanto, en demanda. El deseo va más allá, surge del inconsciente, una fuerza de movilización hacia la búsqueda constante. El deseo es lo que nos aleja de la muerte. El motor que nos impulsa a seguir.

Si todavía nos has hecho balance y estás pensando en los nuevos propósitos para el próximo “curso”, piensa que nunca es tarde para aprender a escuchar y observar nuestras emociones, poder abrazarlas y ser compasivos con ellas. Podemos sanar, ahora como adultos, las heridas del pasado, y darnos cuenta de que si alguna vez en nuestra historia no tuvimos la mirada o el apoyo que necesitábamos, como niños, el camino recorrido nos has hecho más fuertes y, a veces, con la ayuda necesaria, somos, hemos sido o podremos ser capaces de: 

  • Pensar la felicidad como un viaje, sin importarnos la meta.
  • Intentar que las heridas del alma no duren para siempre y que las diferencias individuales es lo que nos hace humanos.
  • Perder el miedo a estar solos y disfrutar de nuestra propia compañía para asimilar lo vivido.
  • Procesar un duelo con éxito para no caer en la depresión o en la melancolía y enfermar.
  • Hacernos cargo de lo que nos ocurre. La responsabilidad no es del otro. Algo tenemos que ver nosotros.
  • Dar lo que no tenemos en el amor, a quien tampoco lo tiene; todos estamos en falta. Descubrir la erótica de las palabras y jugar al juego de la seducción. 
  • Evitar que aquello que un día dijeron de nosotros, etiquetas que nos definieron, no dañe nuestra autoestima y nos permita desarrollarnos en todas nuestras etapas vitales y capacidades.
  • Entender que el cuidado de los otros no tiene género, es una ética humana.
  • Sentir que la libertad no es sin otro. 
  • No mirar para otro lado ante las crisis humanitarias. Y comprender que si somos más nosotros es porque un día ellos fueron más ellos.
  • Ser un modelo para nuestros hijos y aprender a aprender, también con ellos. 
  • Hacer de la actitud una cuestión imprescindible para transformar las cosas. Y que el deseo siga siendo el motor de nuestra existencia. 

Y si aún no te has puesto…este es el momento de transformar nuestros deseos en demandas, poniendo a trabajar nuestra brújula interior para conocernos mejor y encontrar la salida a lo que nos preocupa. No importan las etiquetas que un día te pusieron o dijeron de tí, rompiendo las barreras mentales impuestas. Atrévete a conocer tu potencial y ponlo en marcha, a pesar del riesgo que todo viaje de transformación lleva consigo. 


Imagen: Rosa Rosado

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