La actitud es siempre en relación a algo, y por eso no hay una sola actitud. Entre las diferentes actitudes están las positivas, negativas, neutras, reactivas, interesadas, altruistas, colaboradoras o integradoras, manipuladoras, pasivas, agresivas, asertivas, permisivas, emocionales, racionales…pero siempre se trata de una actitud en el sentido de movilización, de acción. ¿En cuántas de estas actitudes te reconoces?
En cualquier caso, la actitud es un estado interno de la persona y un rasgo de la personalidad que promueve la voluntad hacia el cambio. Es la fuerza más poderosa de cara a la transformación. Es la asociación entre un objeto y la evaluación que hacemos. Es la forma de ser de un individuo o su manera de actuar frente a la vida. Es la distancia entre un objeto y un sujeto y sobre todo es ese “entre”, aquello que está entre el objeto y el sujeto y que podríamos traducir por deseo, motor que impulsa a la movilización, a la acción.
La actitud no es innata, se aprende en los diferentes ámbitos sociales, familia, grupo o sociedad. La actitud se entrena y para eso la atribución causal es un factor importante que hay que tener en cuenta. Porque dependiendo de la atribución que hagamos de una situación cuyo resultado no es el esperado habría un efecto emocional u otro, y la actitud que adoptemos hacia el siguiente reto será más o menos exitoso. Nuestra autoestima irá en aumento ante una atribución interna y controlable, lo que nos posicionará en una actitud de emprendimiento. Del mismo modo estaremos más esperanzados (nuestra actitud será diferente) de conseguir lo que nos propongamos si hacemos una atribución interna e incontrolable.
Y no se trata de que la actitud ante la vida o cualquier reto o deseo tenga que ser positiva u optimista siempre. Puede ser de colaboración, porque lo que deseamos es participar en un logro colectivo; puede ser interesada, motivada por el deseo de conseguir un beneficio ante una indigencia. O altruista si lo que nos mueve es ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Pero también existe un tipo de actitud denominada pasiva, una actitud opuesta al compromiso, a la falta de voluntad para dirigir nuestra propia vida, que deja en manos de los demás nuestro propio destino.
Por eso la actitud es un valor personal e intransferible que adoptamos frente a la existencia. Se trata de una manera de comportarse frente a la vida y que puede comprender el ochenta por ciento de nuestro éxito. Y no es una cuestión de ser más o menos optimista, sino de una movilización de esfuerzos y capacidades para ser protagonistas de nuestra propia vida. A veces, un exceso de optimismo (algunos lo llaman optimismo ingenuo) produce una parálisis para actuar. Ante un optimismo ingenuo siempre es mejor un pesimismo militante, una actitud movilizante.
Es preciso salir de los sistemas de rutina en la sociedad del “me vale”, del acostumbramiento, de la repetición para no caer en los rasgos comunes que definen a una parte de la sociedad actual, rasgos como depresión, tristeza, ansiedad, abatimiento o frustración, y convertirse en militante del inconformismo como un desafío que nos invita a rebelarnos, al cambio o a la transformación. No hay que pararse, no conformarse nunca, iniciarse en la revolución de la actitud para transformarnos, para transformar la sociedad en la que vivimos. Cambiar el “no puedo” por el “yo puedo”, porque si puedes, el éxito será tuyo y si no, habrás aprendido algo nuevo para asumir mayores desafíos sin miedo y siempre el resultado o la responsabilidad puesta en juego será tuya.
Imagen: Rosa Rosado
ijole pues «se hace lo que se puede» sería entre positivo y negativo no?
Me gustaLe gusta a 1 persona
Se hace lo que se puede, sin duda, y si somos conscientes de que nuestra actitud no es positiva, es ahí donde podemos trabajar para movilizar nuestro deseo. Gracias!!!
Me gustaLe gusta a 1 persona