¿Qué hay detrás de la mentira? ¿Con qué finalidad se miente? ¿Cómo se construye una mentira? ¿Quién interviene en la mentira?. Detrás de una mentira hay una intención de mostrar o cuidar de una imagen, o la de esconder una carencia. La falta se oculta con una mentira. También cuando se busca el reconocimiento, para disculparse por algo, para evitar el sufrimiento de otros con una posible verdad, por resistirse a tomar decisiones, porque se teme el rechazo, o por miedo a ser castigados. Detrás de una mentira siempre hay una emoción, y es el miedo a las consecuencias de que alguna verdad salga a la luz.
Porque cuando se engaña de manera intencional pensando que es lo mejor, se corre el riesgo de tener que recordar lo que se dijo, tener buena memoria para recordar la mentira y no correr el riesgo de ser descubiertos. Porque como dice el dicho «la mentira tiene las patas muy cortas». Y se dice así porque la mentira genera estrés y el estrés deriva en culpa hasta que acaba por delatar al mentiroso.
En la mentira intervienen al menos dos personas, la que construye la mentira y la que se la cree o desconfía. El mentiroso es una persona que no sabe estar callada, siempre tiene que estar hablando, aunque siempre haya un tiempo para hablar y un tiempo para callar. En todo mentiroso hay un rol infantil que el sujeto adopta con dos objetivos como son el de evitar el dolor o conseguir placer.
Cuando la mentira se ejerce deliberadamente desde la política, es un acto de violencia porque aspira a destruir. La mentira en política es absoluta, según los planteamientos que Hannah Arendt desarrolla en “Verdad y Política”. Hay una manipulación masiva de los hechos y de la opinión en las políticas de los gobiernos.
Si somos capaces de mentir a los demás, también nos mentiremos a nosotros mismos y será más difícil crecer como personas. Ese es el tipo de mentira en la que interviene el sujeto consigo mismo, una mentira que nos hacemos a nosotros como otro. Mentira o autoengaño, o lo que en psicología se conoce como disonancia cognitiva, concepto que esconde un mecanismo de defensa que trata de evitar el malestar que nos produciría alguna verdad que no deseamos enfrentar.
Algunas veces el mentiroso es un fabulador, alguien que construye su propia historia y actúa en consecuencia. Sabe que miente pero le resulta provechoso aunque no busque intencionadamente un beneficio. Lo hace por el hecho de mentir. Este hecho podría ser tratado como un trastorno compulsivo de la personalidad. El mentiroso compulsivo no se da cuenta que tiene un problema y por eso no acude a ningún profesional para tratar su compulsión. Y cuando lo hace, éstas (las mentiras) pueden ser una oportunidad para el analista, que al igual que con los sueños, sean el camino que lleve al sujeto a conocer su verdad. Pero esto será ya un arte que el profesional tendrá que poner en juego.
Y a veces lo que se da es el equívoco, que no es una mentira, sino un malentendido. Eso que nos pasa cuando no coincide lo que se dijo con lo que el otro entendió y que es lo que genera los mayores problemas en las relaciones sociales. Es más, el malentendido es inevitable por lo que se juega en el vínculo, que es la subjetividad. Y si es inevitable y no tiene remedio no nos queda más que malentendernos, como parte del vínculo humano, que siempre será mejor que desatendernos.
Imagen: De internet (google images)
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