El estigma y la desigualdad que sufren las personas cuya identidad de género no se limita a una identidad sexual binaria, se ha agravado durante los meses de confinamiento por el covid-19. Es complicado convivir en cuarentena con personas que desconocen tu orientación sexual o la identidad de género con la que te identificas.
El covid-19 y el riesgo de contagio ha removido muchas cosas en las parejas homosexuales que ya tuvieron que vencer la estigmatización en la etapa adolescente y post-adolescente a costa, muchas veces, de vencer graves problemas de salud mental y física. También en la personas transexuales, en lucha constante por sentirse como alguien que pertenece al otro sexo y que viven en soledad su identidad sexual.
1) Marcos es un ingeniero de 41 años que vive con su pareja Jorge de 53 años seropositivo, que además tiene una enfermedad coronaria y es fumador. Consulta porque siente angustia por miedo a que Jorge contraiga el virus (considerado población de riesgo). Desde que comenzó el confinamiento tiene pensamientos recurrentes acerca de la muerte, piensa que todos vamos a contagiarnos. Tiene mucha ansiedad y describe un ataque de pánico (miedo a la muerte, sudoración, nudo en el estómago, taquicardias y despersonalización).
Identifica y relaciona estos síntomas con los que ya tuvo en el pasado, cuando tenía 16 años a consecuencia de su condición sexual y el rechazo que sufrió de su entorno. Estuvo, entonces, hospitalizado con ansiedad severa y vómitos hasta casi deshidratarse. Cuando normalizó su orientación sexual cesaron los síntomas pudiendo superar otras dificultades (pérdidas o duelos) como la muerte de su madre y de un hermano en un corto periodo de tiempo. Ahora, tiene una buena relación con su padre y con su hermana con quienes puede ser él mismo y sentirse bien.
2) La historia de Susana de 51 años que se define como transexual, muestra a una persona que ha sufrido de fobia social desde la adolescencia. Desde los 10 años, dice, ya se identificaba como mujer, aunque no dio el paso para hormonarse hasta los 30 años. Su condición sexual no aceptada por el entorno en el pasado y que le ha causado ansiedad social, ha marcado su trayectoria profesional y sus relaciones sociales, solo tiene una amiga, dice. Siempre ha trabajado desde casa como informática. Sus padres, con los que convive, le han apoyado y tolerado su condición, aunque no exenta de sufrimiento. Desde hace unas semana ha sentido la necesidad de ponerse en contacto con el colectivo LGTBI.
Susana consulta porque padece de una fuerte ansiedad durante el confinamiento, con pensamientos de suicidio, también en varias ocasiones a lo largo de su vida, habiéndose autolesionado por su condición transexual en algún momento. Tiene mucho miedo al virus, a contagiarse y a que sus padres se pongan enfermos. Piensa que esto no va a parar y va a ir a más. Durante estos días de aislamiento se ha puesto en contacto con varios psicólogos, dice que demasiados. En una de las ocasiones y tras transmitir al profesional la idea de suicidio (no llegó a autolesionarse) fue ingresada en un hospital con una crisis de ansiedad. Ahora está medicada con antidepresivos y ansiolíticos.
Intervención:
Siempre la escucha desde una posición apreciativa para calmar la angustia, sin juzgar ni estigmatizar, sino para entender mejor su psiquismo, su mundo interno y su sufrimiento y ayudarles a jugar su deseo.
Son varias las teorías que tratan la identidad sexual. En este sentido, Judith Butler, fundadora del movimiento queer, postula que el género es una construcción social más allá de una diferencia sexual, al igual que el sexo y la sexualidad que lejos de ser algo natural, son algo construido. O los interrogantes que la perspectiva psicoanalítica se viene planteando en cuanto a la idea de la bisexualidad y que mayoritariamente parte del planteamiento de una bisexualidad psíquica presente en todos los seres humanos. La identidad se va construyendo en las relaciones intersubjetivas. Guarda relación con el ser, con sentirse verdadero, un producto de la etapa infantil, de traumas tanto propios como heredados, del deseo de los padres o de quién ha sido ese hijo para los padres.
Lo que si hay es un aumento del interés por la identidad sexogénica y que responde a las transformaciones sociales actuales y su influencia en la sociedad. Hemos pasado de una sociedad rígida en relación a cómo se vive la intimidad y la sexualidad, a una sociedad líquida según Bauman (2004) donde todo es flexible, con la idea, además, de que todo es posible.
En cualquier caso, y ante la diversidad de la sexualidad humana, se impone la posibilidad de ampliar mentalidades hacia otras formas de entender la sexualidad desconectados de estereotipos fijados por la anatomía. Solo estamos al comienzo del camino, nos queda el difícil reto de repensar nuevos constructos y adaptar nuestra técnica, como psicólogos, a los cambios tecnológicos y sociales de los nuevos tiempos. Mientras tanto es necesario saber vivir respetuosamente con el enigma del ser humano.
Nota: Los nombres de las personas de estas historias de cuarentena son inventados, aunque sus historias son reales, contadas a través de la línea telefónica, durante el confinamiento del covid-19.
Porque detrás de cada síntoma siempre hay una historia.
Imagen: Rosa Rosado (2019 London Carnival)
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