Adicciones – Historias (cortas) de cuarentena

Detrás de cada síntoma siempre hay una historia, otra y otra…

Que las dificultades, incluida esta pandemia no golpea por igual a todas las personas, lo vemos en cualquier aspecto de la sociedad, como en el acceso a la sanidad, en la falta de medios económicos, en el desempleo, o las dificultades para una educación, la delincuencia, las adicciones…Cuando se declara una pandemia como la que estamos viviendo y uno o varios de estos aspectos del estado del bienestar falla en las familias, el drama está servido y muchas veces encontrar una salida se vuelve complicado. 

Hoy quien llama es Nasila, una mujer de 45 años de origen marroquí que vive en nuestro país desde hace 11 años, en una casa en la que habitan más de nueve personas, todos miembros de la misma familia, junto a su marido, con el que lleva casada desde hace 4 años. 

Se conocieron en un centro de desintoxicación. Ella tenia algunos problemas con el alcohol. Él un largo historial con las drogas. Había pasado 9 años en la cárcel acusado de robos continuados. Comenzaron a trabajar juntos pero los dos se engancharon a las drogas y fueron despedidos. Nasila dice que desde que se casaron ha sido un sufrimiento continuo por el miedo que le produce que él vuelva a la cárcel.  

Pregunto a Nasila en qué momento y cual fue el desencadenante que le llevó al alcohol y ella cuenta: Se quedó en su país de origen cuando su madre emigró a España. Después de unos años y con un contrato de trabajo para Nasila pudieron reunirse de nuevo. Su madre en ese tiempo vivía con una nueva pareja. En una de las ausencias de su madre, fue abusada sexualmente por la pareja de ella, cuando Nasila se encontraba bajo los efectos del alcohol . No tuvo ningún apoyo por parte de su madre y rompieron la relación. Nasila se quedó en la calle. 

Antes de que comenzara el confinamiento el marido de Nasila había encontrado trabajo en otra comunidad, en el sector de la hostelería. El deseo de ambos era que una vez consolidado el trabajo ella se fuera a vivir con él. Pero le pilló el confinamiento y se tuvo que quedar en casa de un amigo, de momento sin trabajo, sin poder regresar a casa y sin dinero.

Mientras, Nasila se quedó confinada junto a la familia política (los padres y hermanos de su marido) más de 9 convivientes, en una vivienda en la que la única intimidad que disponía era una habitación. Pero además han recogido de la calle a una persona que también tiene problemas con la droga. También los hermanos de Nasila son consumidores de sustancias. Dice que ella no está consumiendo ahora mismo, pero que tener personas enganchadas a las drogas no le ayuda mucho. 

Ha visitado al psiquiatra y está medicada con antidepresivos. Llora durante la sesión y tiene miedo de la situación, de que su marido acabe de nuevo en la cárcel, que vuelva a “meterse” en la droga y gastarse el poco dinero que tienen para sobrevivir. Hay cosas que le gustaría contarle de lo difícil que está siendo la convivencia con su familia, pero no puede y le angustia. Ella no tiene ningún ingreso económico en estos momentos. Estuvo cuidando de personas mayores, pero se quedó sin trabajo cuando empezó la cuarentena. 

Al cabo de unos días Nasila vuelve a contactar. Está muy preocupada porque su marido hoy no ha vuelto a casa y tampoco responde al teléfono. Piensa que ha podido pasarle algo. Volvió a casa con un ERTE y apenas ha regresado ya ha vuelto a “drogarse”. Acude a los espacios de fumadores en una zona deprimida. Ha empezado a gastarse el dinero del ERTE en consumir y ella se ha visto obligada a retirar el dinero de la cuenta, que necesitan para cada día y que no se lo gaste en drogas.

Nasila pide ayuda, quiere contar más sobre lo que le está pasando. Las cosas, lejos de ir mejor, han empeorado hasta el punto de que aparece una angustia y una culpa insoportable: se ha visto obligada a romper el ayuno (Ramadán) por tomar la medicación que necesita para estar más calmada. Necesita la medicación para soportar lo que está pasando. Además ella también ha vuelto a caer en el consumo (cocaína) porque le resulta imposible no hacerlo si él se está “metiendo”. 

Intervención:

La ayuda que necesita Nasila es de carácter multidisciplinar: apoyo social, económico, salir de la droga, psicológico…le paso el teléfono de diferentes organismos a los que puede pedir ayuda gratuita (al menos durante el tiempo que dure el confinamiento). Para este drama no hay fórmulas de contención que valgan, más que la escucha y el apoyo al otro lado del teléfono. 

Desde la psicología el viaje hacia una cura posible sería largo. Transformando la angustia en palabras que hablen de ese sufrimiento, buscando cual es esa fuerza, esa pulsión que le empuja a “la muerte”, a la autodestrucción. Cómo se elaboraron los duelos por las pérdidas pasadas: cuando su madre partió y ella se quedó en su país de origen, también cuando ella emigró dejando atrás su cultura; más tarde tras romper el vínculo afectivo con su madre…o más allá. Elaborar y cicatrizar la herida que deja un abuso sexual. Su relación con el alcohol. Las relaciones de amor y la adicción.

Está claro que en este caso las adicciones no es una cuestión de hedonismo al que se quiere llegar, sino que hay un más allá. La responsabilidad, el hacerse cargo de todo goce, de los efectos que genera, es siempre del sujeto (que no la culpa) quien debe encontrar qué tiene que ver en lo que le pasa, y buscar su deseo, siempre enemigo de la muerte.

Los nombres de las personas de estas historias de cuarentena son inventados, aunque sus historias son reales, contadas a través de la línea telefónica, durante el confinamiento del covid-19. 


Imagen: Rosa Rosado

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