Mobbing – Historias (cortas) de cuarentena

Detrás de cada historia de cuarentena al otro lado del teléfono, hay otra historia no contada que ambos desconocen. El llamado porque no escuchó ni ocupó aún el lugar de la escucha, y el que llama porque aunque sabe que algo no anda, no sabe qué es y es por eso que consulta. 

Son solo 30-40 minutos de escucha, algunas veces se alarga un poco más, pero apenas hay tiempo para tratar de contener la angustia del que llama. A menudo solo la escucha al otro lado es la “píldora” que ayuda a mitigar algo el sufrimiento. Otras veces es una herramienta a tiempo la que contiene y calma la ansiedad. Con suerte abre una puerta para hacerse cargo y llegar un poco más lejos e iniciar un proceso para saber por qué pasa lo que pasa y nos hemos quedado parados en ese lugar. 

Es la angustia disfrazada de ansiedad, depresión, ataques de pánico y obsesiones que da paso a emociones y sentimientos expresados, como miedo, soledad, culpa, enojo o tristeza de los que no podemos escapar mientras confinados y aislados nos quedamos solos con nosotros mismos, y no sabemos qué hacer. En ese momento  no hay nada en el afuera que enmascare ese sufrimiento, no hay ningún acceso a lo externo (el consumo, las relaciones sociales, las adicciones…) que “colme” nuestro deseo. No hay otra que quedarse a solas con uno mismo y eso no es fácil porque supone enfrentarse a sus fantasmas, esos que llevan a repetir una y otra vez. “Bucear” en el inconsciente para entender, aceptar y hacerse cargo nos podría ayudar a avanzar y eliminar los obstáculos del camino para llegar a la meta. 

Compartir estas historias de cuarentena tiene un propósito, y es el de dar cuenta de que lo que ahora nos pasa no es más que un reencuentro. Ya pasó en algún momento anterior de nuestras vidas, cuando apenas éramos capaces de simbolizar lo que ocurría o darle un sentido. Y como un mecanismo de defensa ha quedado escondido en el inconsciente. Ese miedo del ahora no es más que una representación de un sentimiento de desamparo y desprotección anterior que en la actualidad se repite conscientemente. Esa culpa que ahora nos invade es preciso buscarla en una representación de humillación, de crítica o  maltrato que incapaces de entender en otro tiempo, hemos reprimido en nuestro inconsciente, incluso desconocemos que está reprimido.

Los nombres de las personas de estas historias de cuarentena que aquí aparecerán son inventados, aunque sus historias son reales, contadas a través de la línea telefónica, durante el confinamiento del covid-19. 

Historia de cuarentena nº 1 (un caso de mobbing o acoso laboral)

Contacta Fabiana preocupada por su marido José con el que convive, además de con su hijo, un estudiante de 17 años. Apenas ha pasado una semana de confinamiento y José, de 51 años, ha empezado a sentirse mal. Está muy nervioso, tiene taquicardias, mareos, una reacción cutánea y mucha ansiedad. Al otro lado de la línea se encuentra José, quien ahora es el que habla, y dice que no poder salir de casa le produce malestar. No puede controlar la ansiedad, apenas puede comer y tiene una mala calidad de sueño. 

Preguntado por qué se siente así José no sabe por qué le ocurre esto, aunque al cabo de un rato señala que desde hace 6 meses ya se encuentra en tratamiento psiquiátrico con medicación. Toma antidepresivos y antipsicóticos y está de baja laboral por depresión. Relata que tiene problemas relacionales en el trabajo, que está siendo acosado laboralmente. Y que esa presión de acoso le ha producido una gran tristeza y ansiedad. 

Desde que comenzó el aislamiento ha ido a peor, ya no tiene ganas de realizar ninguna actividad. Antes le gustaba caminar. Le gusta la política y ve muchas horas de TV, lo que tampoco le ayuda mucho. A veces cocina, dice que es una de las actividades que más le ayudan a estar entretenido. Y le gusta rezar junto a su esposa porque eso le calma. 

Intervención:

El por qué de la respuesta de José a esta situación de confinamiento en tan solo unos días de aislamiento, la podemos encontrar en primer lugar a que José es psicológicamente vulnerable debido a los episodios de depresión que está teniendo desde hace unos meses por las condiciones laborales de acoso. 

De continuar la terapia psicológica, además de indagar en las causas del mobbing al que está sometido, y que le está enfermando, habría que buscar en las estructuras de personalidad que a lo largo de los años (infancia y adolescencia) ha ido incorporando: una imagen negativa de sí mismo, un bajo nivel de autoestima, etc. Y cómo las características de tipo social se han ido inscribiendo en su subjetividad: una excesiva protección paterna y materna en la infancia, con el consiguiente excesivo apego al hogar, dependencia afectiva con la madre, poca participación en actividades grupales,…En cualquier caso, ante todo, convencerse de que él no es el responsable de la situación que le está pasando. Y trabajar para que el deseo vuelva a ser el motor que saque a José de esa situación. 

Porque…detrás de un síntoma siempre hay una historia.


Imagen:  Rosa Rosado

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