Tras los síntomas del covid-19

En esta crisis sanitaria, también se altera el sueño, se fragmenta o simplemente deviene en vigilia. Y cuando esto ocurre los fantasmas del pasado, los del presente y también los del futuro se vuelven protagonistas de nuestras noches, del tiempo y el espacio. Entre las “alternativas”, la de dar forma a palabras escuchadas, las dichas, pero también las calladas. Modular y dar voz a esas historias o casos que esconden traumas, a veces reprimidos, y muchas de las veces sin saber siquiera que lo están, que subyacen en el inconsciente, y que ahora, en esta situación de confinamiento quedan al descubierto en forma de disparadores emocionales como el miedo, la culpa, la incertidumbre, la soledad, la tristeza o la angustia.

Estas son historias que surgen en la clínica, aunque el ausente sea el cuerpo en estos tiempos de cuarentena, donde “solo”, o al menos, las tecnologías hacen posible la práctica de la clínica. La situación nos exige resignificar algunas coordenadas de los modos de sostener la clínica. El virus no afecta a todos de la misma manera, aunque nadie saldrá indemne, ni a nivel individual ni colectivo.

Lo que esta situación de crisis pone de manifiesto, además de la desigualdad económica y social de las personas, es la vulnerabilidad en la que se hallan aquellas personas que sufren de ansiedad, que padecen trastornos obsesivo-compulsivos o cuadros hipocondriacos o que previamente han sido diagnosticados de algún trastorno mental, o que han visto interrumpidas sus terapias debido a la situación del covid-19.

Desde las plataformas de voluntariado de atención psicológica online el propósito se ajusta a la contención y la psicoeducación de quienes solicitan ayuda psicológica telefónica. Se lleva a cabo mediante la escucha por encima de la mirada, especialmente en ausencia de ese cuerpo en la terapia, que permita conectar con el solicitante y acompañarle en su soledad a soportar los síntomas en los que se reconoce y por los que pide ayuda, pero también a revelar aquellos otros escondidos o reprimidos y que reaparecen buscando dar sentido a lo que le está ocurriendo. O tal vez nunca tuvo la oportunidad de contarlo.

Así, en el transcurso de la sesión, en apenas media hora, una escucha activa facilita el instante de ver (la escena), instante de sufrimiento que trae al sujeto a consultar, ausente aún de todo acto, pues primero se impondrá el tiempo de comprender, quedando todavía lejos el tiempo de concluir. Si sirviese aunque sea para apaciguar las sombras e iniciar un camino de reconocimiento, aceptación y responsabilidad de aquello que no anda, ya es un paso en el camino de la cura.

Porque detrás del miedo, de la incertidumbre, de la tristeza, de la culpa, de la soledad, de la ira, de la ansiedad o de la angustia, se esconden: el acoso laboral sufrido en algún momento de la vida;  el abandono, más doloroso todavía cuando se produce en estas circunstancias y se hace de forma telemática, sin presencia del otro;  la pérdida de identidad de aquellos que dejaron sus lugares de origen y han encontrado en el lugar de acogida la explotación laboral (sin contrato y por un sueldo miserable) y social; la violencia de género también durante el confinamiento; el haber presenciado en la infancia el maltrato hacia la madre adoptando un rol parental con repercusiones en la edad adulta; la homofobia y el sufrimiento que supone “salir del armario” y que deja huellas difíciles de borrar; una larga vida en pareja con relaciones de poder asimétricas en las que la mayoría son mujeres quienes sufren el peso de la cultura patriarcal; procesos de duelo no concluidos porque no tuvieron la oportunidad de aprender a manejarlos o duelos imposibles de realizar por la situación actual; historias de convivencia en ambientes de droga, cárcel y familias desestructuras y golpeadas por la pobreza; carencias afectivas en la infancia por problemas de alcoholismo de los progenitores…

Lo que está claro es que no podremos volver a la “normalidad” o no deberíamos volver a esa normalidad que golpea tan fuerte a muchos para beneficio de unos pocos.

 

Imagen: Foto tomada en el Museo Victoria & Albert Museum de Londres.


 

 

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