Pendiente de hacer alguna alusión a los estilos de crianza de algunos posts anteriores en los que señalábamos la importancia de los padres en la educación de los hijos, o la importancia que una comunicación abierta con nuestros hijos tiene para un desarrollo sano en la infancia, sobre todo en la adolescencia. Una etapa en la que los cambios emocionales están al más alto nivel y necesitan de su entorno el apoyo necesario para crecer en autonomía y responsabilidad y promover el respeto y la empatía.
Aunque es durante la infancia que los padres son quienes deben tomar las decisiones acerca de las reglas familiares o sobre aquellas cosas que los hijos pequeños pueden o no pueden hacer. La transformación surge a medida que se entra en la etapa adolescente, pasando de una autoridad unilateral a la comunicación cooperativa.
Decíamos que no es tarea fácil la de ser padres, pero si estamos dispuestos a pedir ayuda en aquellos temas que pueden allanarnos el camino, como son las dudas, que como padres, tantas veces nos asaltan, seguro que podemos hacer un buen trabajo a través de las pautas de relación padres-hijos, dentro de un modelo educativo más democrático y menos autoritario, en las que la emergencia de la familia negociadora modifica estas relaciones.
Son precisamente ahora, los padres que un día fueron jóvenes y adolescentes quienes han comenzado a cuestionar un estilo autoritario de educación, otorgando flexibilidad en las normas y estableciendo relaciones negociadas entre los miembros de la unidad familiar. Hoy los padres buscan educar desde el afecto y la comunicación, intentado fomentar las capacidades de sus hijos, e intentando comprender sus necesidades y puntos de vista.
Con el modelo de familia negociadora en el que las normas de convivencia son flexibles, sigue existiendo un control y orientación por parte de los padres en la formación de sus hijos. Así, unas normas de convivencia menos estrictas, menor jerarquía en las relaciones entre padres e hijos, donde los hijos reclaman un trato más democrático e igualitario, otorga cuotas de autonomía mayores y cada vez a edades más tempranas. Aunque existe la sensación, para algunos padres de una pérdida de autoridad, y ven necesaria una mayor disciplina, eso sí, sin llegar a modelos anteriores, pero con la firme convicción de afirmarse en su rol de padres y hacer valer su autoridad a la hora de fijar normas.
A través de estos nuevos estilos de crianza más democráticos y negociadores con nuestros hijos, buscamos en la relación una mayor comunicación y afecto, en sustitución del “respeto” como principio limitador de cuestiones autoritarias. En este nuevo modelo tiene mucho que ver la emergencia de una sociedad postmoderna e industrial que ha dado paso a una nueva organización de la acción individual en todos los estratos sociales, sin olvidar el papel social de la mujer en la igualdad de los sexos, la incorporación al trabajo de la mujer casada, con el consiguiente cuestionamiento del reparto de las obligaciones familiares.
También la transformación de la sexualidad enfocada no solo a la procreación sino al disfrute de una vida sexual satisfactoria. Y no menos importante el desarrollo económico en la sociedad de consumo, que requiere de mayores ingresos, y que comporta una reducción del tiempo invertido en el bienestar doméstico, dando lugar a una nueva concepción de la familia en la que todos los miembros ocupan un lugar importante y tienen un proyecto de vida en común.
Imagen: Rosa Rosado
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