El ser humano tiene una tendencia natural a querer apropiarse de todo lo que pueda o desprenderse de todo, un exceso de retener o de deponer.
La avaricia estaría relacionada con el control de esfínteres en la fase anal de todo individuo. En términos psicoanalíticos el avaro retiene o controla lo que tiene, no como una fórmula de ahorro sino para no gastar. En la etapa infantil el niño quiere retener sus heces, soltarlas cuando él desea, tener el control, ya que para todo lo demás depende de sus padres o adultos a su cargo. Si hay una exigencia enorme para que deje de hacerlo o mediante algún método que no le guste, por ahí es donde él va a tratar de manejar las emociones de sus padres.
El avaro, a menudo, queriendo reducir el gasto incurre en pérdidas. Puede comprar el “dos por uno” aunque la segunda unidad no le sirva para nada (más gasto); compra barato aunque lo que compre no sea de una calidad aceptable (comprará dos veces, mayor pérdida). A menudo confunde gastar y pagar aunque el gasto ocasione otras formas de gasto y rechaza asumir que solo a través del pago es como accedemos a lo que queremos.
Apenas disfrutan de una buena comida, porque están más preocupados de cuánto tienen que pagar antes siquiera de pedir el menú; no se pelean nunca por pagar la cuenta; casi nunca llevan efectivo; prefieren pedir prestado antes que comprar…Y con un alto sufrimiento el avaro presenta una gran incapacidad de disfrutar, llegando en su obsesión por no gastar el dinero, a ser un verdadero tacaño consigo mismo.
El avaro o guardador hace de la acumulación una forma de sentirse seguro ante un mundo en el que se percibe vulnerable, no solo de los males económicos, también de los afectivos. Ese acumular le da una sensación de seguridad. El perfil psicológico de este tipo de personas tiene altos costes emocionales, son personas que padecen un profundo sufrimiento ante la idea de gastar dinero, un sufrimiento que casi siempre ocultan.
Y en cuanto a hablar del dinero…, se ha dicho en ocasiones que no se debe hablar de dinero con otras personas. De hecho cuando estamos con amigos, es más fácil hablar de las preferencias sexuales, por ejemplo, que de cuánto dinero tenemos o hemos invertido en algo. Eso, lo que se tiene (el dinero) para los perfiles avaros, que no se comparte, se prefiere disfrutar en soledad.
A pesar de los esfuerzos por esconder su condición, los avaros o tacaños acaban arruinando una hermosa velada, una buena conversación, justo en el momento en el de pagar la cuenta, con argumentos patéticos y desmesurados que acaban por espantar al más acólito. Conocer nuestro pasado, explorar el inconsciente para saber y adoptar una posición subjetiva más favorable, nos puede llevar a evitar la repetición de esa condición que tanto malestar nos causa. Entender qué es lo que nos está pasando para cambiarlo, puede ser un buen comienzo.
Como señalara Erich Fromm«La avaricia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable para satisfacer la necesidad, sin alcanzar nunca la satisfacción.»
Imagen: Rosa Rosado
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