El perdón se impone, desde un punto de vista ético, se vuelve necesario, es obligado,…un exceso de moralismo que en ocasiones llega a contaminar el concepto de perdón hasta el punto de que muchas de las víctimas sienten aversión a la demanda de perdón por los sentimientos de humillación, de vergüenza y de culpa que a veces siente la víctima por haberse sometido a los deseos del agresor.
En el acto de perdón intervienen dos agentes, el agresor y el agredido. El que pide perdón o quiere ser perdonado, vinculado a la culpa, al sentimiento de culpa. ¿Cómo hacer posible el perdón cuando no se puede anular el agravio recibido, y si solamente responde éste a la necesidad de eliminar el sentimiento de culpa del perdonado?. Podríamos, a través de un tratamiento de la culpa, que no siempre se puede eliminar tras el perdón cuando la falta es muy grave y el agresor carga con la culpa que le lleva a un estado de melancolía hasta que la autoacusación que tanto le martiriza va cesando.
Por otro lado, la víctima de la agresión o el agredido también se culpabiliza en muchas ocasiones, lo que puede derivar en un síndrome post traumático. Y queda atrapada de manera claustrofóbica en una espiral que gira alrededor de la agresión sufrida.
Las personas que han sido agredidas tanto física como psicológicamente lo que buscan es que se asuma la responsabilidad por parte del agresor, o de la sociedad si es ésta la que ha causado el agravio. Porque perdonar no es disculpar, tolerar y menos olvidar. Perdonar es renunciar al derecho de víctima o perdonar la deuda que el agresor tiene con el agredido. Y como toda renuncia, liberar al agresor de las obligaciones morales para con la víctima es un camino a veces doloroso.
Pero también el perdón nos desvincula de los lazos del pasado y nos abre la puerta a mirar hacia el futuro en la medida en que nos liberamos de esa carga impuesta por los actos del pasado. Y aunque la labor de perdonar no es voluntaria, ni se puede exigir ni imponer, cuando aparece lo hace de una manera natural, y a veces la persona no sabe siquiera cómo lo ha hecho. Es una labor psíquica que conlleva implícita la modificación del recuerdo del trauma vivido.
Pero cuando el agresor reconoce el agravio, facilita a la víctima la liberación de sus sentimientos de dolor. El agredido lo que desea es que el otro acepte la responsabilidad de sus actos y, si es posible, ofrezca algún tipo de reparación, que si bien no puede cambiar lo sucedido podría ayudar a compensar el daño causado.
Imagen: Rosa Rosado
Acabo de descubrir tu didáctico, comunicativo y bien escrito blog sobre tan interesante temática, diría yo, de conveniente conocimiento. Enhorabuena y gracias.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Muchas gracias a tí por leerme. Un saludo
Me gustaMe gusta