El aquí y el ahora están de moda, y sobrevalorados, en mi opinión. Y aunque está bien, porque el futuro va a depender de cómo es ese aquí y ahora, sobre todo el aquí y ahora no puede ignorar el pasado, de dónde venimos, para recordarlo, para olvidarlo, para perdonarlo o para agradecerlo. Solo atreviéndose a saber sobre la verdad de cada uno es como puede construirse el aquí y ahora. Ignorarlo no solo no es justo sino que no facilitará que el aquí y ahora sea pleno y sin ruido.
Un ejemplo de cómo evocando el pasado puede enriquecerse el aquí y ahora del presente es esta hermosa carta escrita a alguien especial en la vida de ese otro y que surge desde lo más íntimo:
“Aunque ya no estás, aquí y ahora, siento que necesito entrar en contacto contigo, para darte las gracias una y mil veces por tantos y tantos momentos que necesité de tu consuelo. Cuando me sentía triste, tu estabas en ese “aquí y ahora” para consolarme. Cuando era la ira la que se apoderaba de mí, tu siempre sabías qué era lo mejor para que ésta se desvaneciera sin causar mucho dolor. Pero sobre todo, siempre estabas, cuando se trataba de compartir una sonrisa, una caricia, un estado emocional positivo. Porque, simplemente, tú eras así, siempre viendo y viviendo lo mejor de cada momento, sabiendo en cada ocasión qué era lo mejor para sentirse en armonía y en paz y con una gran capacidad para contagiar tu entusiasmo y tu pasión por las cosas. Por eso, hoy, ahora, con esta práctica quiero rendirte pleitesía, un merecido homenaje, estés donde estés, porque estás aquí y ahora, porque es así como te siento.”
Si el “aquí y ahora” es un arte de vivir que nos conecta con nuestra esencia, permitir que el pasado se cuele a través de los pensamientos es también una forma de meditación o de presente, una forma de conectar con esa emoción del “aquí y ahora”. Solo quien se atreve a saber sobre su verdad puede vivir el presente en plenitud.
Imagen: Rosa Rosado
👍
Me gustaLe gusta a 1 persona