Únicos e irrepetibles

Si hay algo que nos hace únicos e irrepetibles a los seres humanos son las diferencias individuales inherentes a cada sujeto.  Por eso somos únicos en nuestra unicidad e irrepetibles en nuestra repetitividad. Las diferencias entre los individuos están presentes desde el nacimiento y se refuerzan o suavizan a lo largo del ciclo vital por los cambios madurativos y por el aprendizaje.

No hay dos personas iguales, somos además de producto de la herencia también fruto del ambiente en el que nos desarrollamos. Así las variables de personalidad e inteligencia (o inteligencias múltiples: la lingüística, lógica-matemática, espacial, musical, interpersonal,…) serían fruto de una combinación de herencia y ambiente en el comportamiento de las personas.

La personalidad es por lo tanto una combinación del ego (la media entre las exigencias del ambiente o la realidad y el superyó (la expresión incesante de impulsos y deseos), caracterizada por un conjunto de pensamientos, percepción y comportamiento, características fijas y estables de cada ser humano.

Y aunque son muchos los rasgos que heredamos, lo que verdaderamente nos hace únicos e irrepetibles son las necesidades de realización que tenemos, los principios y los valores, la ética y la moral y no tanto otros rasgos adquiribles como por ejemplo el liderazgo. Además de los rasgos físicos y los valores adquiridos en el ámbito familiar, comunidad o sociedad, en el fondo somos lo que queremos y debemos, es decir aquello que nos hace sentir bien.

Una reflexión en cuanto a que la inclusión implica diversidad,  múltiples diferencias que nos caracterizan que hace que cada persona sea única e irrepetible y que solo en la interrelación personal puede culminar en una personalidad más rica, dando lo mejor de cada uno y acogiendo a los otros en su diversidad, en definitiva abrazando la diferencia.

Imagen: Rosa Rosado (Venus del Espejo de Velázquez. National Gallery London)


 

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