Metamorfosis o el despertar de la adolescencia

La adolescencia, una etapa entre la infancia y la adultez, tiene un gran peso en el desarrollo psicológico del ser humano. Los primeros años de la infancia en el ámbito de la familia y en situaciones o escenarios denominados “formatos” en los que los adultos o compañeros aventajados facilitan la evolución, son clave para el desarrollo y la transición de la infancia a la adolescencia.

La manera en la que los adolescentes viven los cambios físicos no está solamente influenciada por la aparición de estos cambios, también por factores psicológicos en el adolescente, la familia, la cultura, el entorno, la escuela, etc.

Los adolescentes se debaten entre la necesidad de resolver los conflictos edípicos infantiles poniendo en marcha mecanismos de defensa no adquiridos en la infancia; por superar la discontinuidad en las pautas de socialización en esta transición; o el razonamiento de hipótesis que  pone en marcha y le llevan a imaginar diferentes formas de comportarse y concebir sociedades, y que a menudo le sirven para criticar el orden familiar y social y tratar de reformarlo. También la importancia que tienen las interacciones entre el microsistema (la familia, la escuela, los amigos, el barrio…) y el macrosistema (la sociedad con sus valores y normas culturales).

Como en cualquier etapa de desarrollo, en la adolescencia tienen lugar una gran cantidad de cambios físicos que coinciden al mismo tiempo con cambios contextuales, por ejemplo el comienzo de la educación secundaria. Cambios físicos que van desde el crecimiento o la composición corporal y desarrollo de sistemas circulatorios y respiratorios, hasta las características sexuales, que transforman la imagen que tienen de sí mismos y que va a ser determinante en su autoconcepto e influencia en su autoestima.

Todos estos cambios contribuyen a una imagen personal cambiante e inestable que les puede crear problemas de autoimagen negativa. La imagen corporal y la autoestima en la adolescencia están estrechamente relacionadas con la apariencia física (el apartarse de la norma de belleza según los cánones establecidos en la sociedad actual resulta perturbador y acercarse aporta mayor seguridad en sí mismo). Es por ello que el reconocimiento y aceptación del propio cuerpo, así como el desarrollo deportivo favorecen la autoestima y la seguridad en los adolescentes.

Deben enfrentarse a los cambios, tanto biológicos como cognitivos y tratar de armonizarlos con las nuevas relaciones sociales. La mayoría de los adolescentes experimentan una crisis de identidad  grave en la adolescencia media entre los 13-14 años, siendo el sexo femenino el que más sufre la tendencia a presentar estados depresivos. El crecimiento acelerado del cuerpo y la maduración genital ponen en evidencia su inminente adultez y les hacen interrogarse acerca de su papel en la sociedad adulta. De la misma manera, una baja autoestima relacionada con una sobrevaloración de opiniones ajenas relacionadas con el desarrollo sexual o la aceptación de patrones que favorecen la sumisión de la mujer y la arrogancia del hombre, son factores que dificultan, asimismo el desarrollo de la asertividad.

Como padres debemos estar atentos a estos cambios e identificar cualquier dificultad de transición, fomentando la comunicación y un estilo democrático de educación con una escucha activa, permitiendo la libre expresión de sus opiniones que les ayude a encontrar la raíz de sus problemas y la mejor solución. Estar (presencialmente) ahí en ese momento es por tanto necesario porque ese tiempo no vuelve y después siempre es tarde.


Imágenes: Rosa Rosado

 

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