Cuando los roles infantiles se invierten y el hijo se convierte en padre o madre, se puede provocar una confusión de identidad en la familia. Esta asignación de rol parental que a veces se otorga a los hijos se conoce como parentalización o parentificación. Cuando esto ocurre, los hijos dejan de vivir la etapa de desarrollo adecuada a su edad para cumplir las funciones de adulto, en detrimento de las funciones que todo padre o madre debe proporcionar a sus hijos, como son su cuidado, afecto y protección.
Hay diferentes modalidades de parentalización: se otorga el rol de cuidador al hijo mayor para que se encargue de cuidar de sus hermanos pequeños; otras veces se le da más responsabilidad que la debida para hacerse cargo de los cuidados del hogar (parentificación física) y a menudo de cumplir con los roles sociales (parentificación emocional). Cuando la responsabilidad emocional de la pareja recae sobre el menor, en los casos de conflictos, o en una mala relación de pareja que discute continuamente en presencia de sus hijos, o cuando la infidelidad de uno de los dos sitúa a la otra parte en una posición de victimización, los hijos crecen siendo ubicados como el sostén emocional de la familia.
Por ello cuando un niño asume el rol de un progenitor por parte de uno de los padres, se podría afirmar que representa una forma de violencia que, a lo largo del tiempo va a repercutir en su proceso hacia la edad adulta. Las consecuencias de la parentalización o parentificación pueden dificultar una autoestima sana en el adulto, o sentimientos de culpa por separarse emocionalmente de los padres, cuando se inicia una relación de pareja. En la edad adulta, aparte de una baja autoestima pueden desarrollarse problemas de resentimiento persistente, debido a la rabia acumulada, enfados explosivos por desajustes emocionales o dificultades para llevar una relación de pareja basada en la confianza y en la seguridad, y ambivalencia de afecto hacia los progenitores.
La parentificación deviene en un proceso patológico que necesita la ayuda de un profesional para superarlo, en la que el adulto que ahora sufre las consecuencias de la inversión de rol en la infancia, debe dejar de sentirse culpable por la situación, debe centrarse en lo que puede hacer ahora; tratar de encontrar situaciones donde volver a ser un niño o una niña (jugando, riendo, bailando..) para sanar su niño interior; también aprender a mantener a los miembros abusivos de su familia de origen a distancia y perdonarse por cualquier sentimiento negativo que tenga sobre sus padres o su infancia. Y aprovechar el espacio que le brinda la sesiones terapéuticas para ser escuchado sin avergonzarse ni sentirse obligado a guardar los secretos familiares.
Imágenes: Rosa Rosado
Excelente artículo! Muchísimas gracias por explicarlo tan bien
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Gracias Mario! Lo vemos a menudo, niños que soportan emocionalmente los conflictos de los adultos y que se traduce en la edad adulta en problemas de autoestima además de ambivalencia en lo afectivo hacia sus padres. Un saludo
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