Los dispositivos electrónicos, derecho o recompensa

Un uso prolongado de los aparatos electrónicos tiene serias consecuencias a nivel físico para todas las personas en general, como sequedad de ojos, lagrimeo continuo, o dolor de cabeza, y si se añade el uso de audífonos de manera prolongada, daños irreversibles en el oído que pueden conducir a una pérdida prematura de la audición. A nivel relacional, el uso continuado de estos aparatos puede también provocar el aislamiento social y en consecuencia la pérdida de amistades.

En los más pequeños un uso prolongado de las pantallas (móvil, tablets, consolas…) además de problemas de visión, dolores de cabeza, falta de sueño, irritabilidad, que se dan a nivel fisiológico, tiene también efectos importantes en su desarrollo evolutivo: se produce una falta de interés o motivación para realizar cualquier tipo de actividad como leer, aprender a colaborar en las tareas domésticas, dibujar, escribir, conversar, inventar, imaginar, crear…, o de realizar actividades al aire libre; también aislamiento social; deficiencia en el aprendizaje, resistencias a asumir responsabilidades propias de su edad y necesarias para su desarrollo. Se puede producir también un déficit de atención en las actividades que realizan con baja capacidad de retención e incluso problemas de aprendizaje (descuido del aseo personal, se dejan las luces encendidas, las puertas abiertas, los envases sin cerrar…), por falta de concentración. Algunos problemas de sueño (a menudo se acuestan tarde y se levantan temprano para conectarse cuanto antes). Trastornos de ansiedad, cuando no están conectados o tienen posibilidad de hacerlo enseguida. Estos son algunos de los efectos de “engancharse” que las nuevas tecnologías tienen en un adolescente.

Los efectos que producen estos aparatos son negativos cuando se hace un uso excesivo de ellos, uso que debería estar regulado por los padres y/o tutores. Existe una gran cantidad de información relativa al tiempo estimado que puede pasar un niño con los aparatos electrónicos. Sería aconsejable evitar las pantallas en los niños muy pequeños (menores de 3 años) y dilatar en el tiempo, al máximo la concesión de estos aparatos en la adolescencia temprana. Y cuando ya los utilizan establecer rutinas y horarios de mutuo acuerdo, siendo aconsejable no exceder en 2-3 horas su uso diario. En cualquier caso y al margen de cualquier estudio,  aplicar el sentido común es el mejor indicador para enseñar a gestionar el uso de los dispositivos electrónicos en los menores.

Estas actividades deben ser supervisadas por un adulto para conocer en todo momento a qué juegan, qué están viendo, o con quienes interactúan en sus juegos. Limitar el uso de los aparatos y que su uso no sea un derecho sino algo que “se ganan”, una recompensa al haber realizado todos sus deberes, o después de realizar otras actividades. Pero nunca debe constituir un reforzamiento positivo por una buena conducta. Y, por supuesto, predicar con el ejemplo no haciendo, los adultos, un uso excesivo de estos dispositivos mientras estamos en presencia de los más pequeños.


Imágenes: Rosa Rosado

 

 

 

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