No se elige ser refugiado

Es difícil mirar para otro lado cuando la actualidad la ocupa la crisis humanitaria. Cuando el origen son las guerras, la miseria, el desorden civil, la opresión, las purgas religiosas,  o la pobreza, la supervivencia es todo un reto para muchas personas. Jugarse la vida, ayer, hoy, estos días, en verano, cuando la climatología les es favorable (o eso creen), huyendo por mar hacia un horizonte que desconocen, pero que no puede ser peor que el que les ha impulsado a lanzarse al mar, a ese Mediterráneo, en apenas un trozo de plástico, un mar que se ha convertido en una tumba de inmigrantes, pues muchos de ellos no consiguen llegar al destino que habían soñado, o en el peor de los casos (las mafias) les habían prometido.

Y mientras unos, los voluntarios, hombres y mujeres que arriesgan y ponen en peligro sus vidas para dar asistencia, protección y testimonio del mundo en el que vivimos, y que visibiliza lo incómoda pasividad e indiferencia que adoptan algunos gobiernos, otros, algunos políticos no tienen reparos en esgrimir discursos que incitan al racismo y a la xenofobia, que inculcan el miedo y el rechazo entre la población, políticos que un día fueron elegidos democráticamente por ciudadanos que hoy (algunos también) miran hacia otro lado y que han olvidado que un día, también ellos, o sus padres, tuvieron que dejar su tierra para buscar un lugar mejor para sus hijos.

Algunos ciudadanos, esos que hoy se alzan contra la acogida y que se niegan a amparar y proteger a aquellos que huyen de la barbarie, enarbolan la bandera de “no hay para todos, primeros los de aquí” y prefieren seguir instalados en su relativo confort, pero no ponen reparo en “contratar” a inmigrantes para que cuiden a sus padres por un salario miserable, o limpien sus casas, porque “los de aquí”  prefieren permanecer en su relativo confort.

La responsabilidad, también en este drama, es de cada uno de nosotros de los ciudadanos que con nuestros votos alzamos a unos gobiernos que, a la vez que desarrollan leyes o estatutos de refugiados, o que siembran entra la población políticas xenófobas, hacen también negocio con la venta de armas a esos países que están en guerra. Nuestra responsabilidad exige medidas que nos representen y ponga fin al poder de la mafias, a la venta de armas y a esas mortales travesías, porque nadie elige ser refugiado.

Pero lo peor de toda esta tragedia es que una vez hecha la foto, todos y cada uno de nosotros volveremos a nuestra “confortable” vida. Tal vez los refugiados sean el precio que pagamos la humanidad por la economía global.  Pero no olvidemos que lo que nos hace humanos es la prestación de socorro y la solidaridad entre las personas,  y que si no lo fuimos en el pasado, no hay garantía de que en un futuro no seamos nosotros o nuestros hijos, uno de esos refugiados cuyo único objetivo es la búsqueda de un lugar mejor para vivir.

Porque aunque no seamos culpables de lo que nos ocurre, muchas veces, si somos responsables de la respuesta que damos.


Imágenes: Rosa Rosado

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