La propuesta de Nietszche sobre el concepto de la culpa es que ésta provenía de la deuda, para lo que hacían falta dos actores, un acreedor y un deudor, dando así, probablemente, paso a la emergencia de la justicia, a modo de regulación de las relaciones entre ambos agentes y el castigo para aquellos que no pagan su deuda o no devuelven lo que de otros tomaron. El culpable, en este caso, es un deudor que debe pagar, que no restituye la deuda.
Estos actores, para Freud, serían el yo y el superyó. Un sujeto es culpable en tanto en cuanto está prisionero de un afecto, es decir afectado de un sentimiento de culpa, un sentimiento que se pone en marcha por los juicios que provienen, en un primer momento de los padres, pero más tarde de una instancia psíquica, llamémosle conciencia moral o superyó, que se comporta como un juez y que genera malestar en el sujeto, resultado de la tensión entre el yo y el superyó, que hace las veces de autoridad.
Este sentimiento de culpa se origina cuando se reprime en el inconsciente algo que se desea profundamente (el placer). Esta sería una teoría freudiana, no siempre compartida. La represión de la que hablamos no es consciente, es la represión del inconsciente, es decir, no se puede acceder a ella, en todo caso, haciendo frente a diversas resistencias afectivas. Por eso, la represión no equivale a la no realización de un deseo, sino a su falta de percepción. De ahí que sea un represión inconsciente, de la que no sabemos.
Para Lacan, en su retorno a Freud, el quid de la cuestión estaría en la responsabilidad del hombre. Esta teoría estaría más justificada en la era moderna. La irresponsabilidad del sujeto actual es la causa de la angustia y de la culpa en los tiempos modernos. Por eso es preciso anteponer la responsabilidad a la culpa. La responsabilidad sería la obligación moral resultante de un posible mal acto o acción por parte de alguien y la capacidad que hay en todo sujeto para reconocer y para aceptar las consecuencias de una acción que se ha realizado libremente. Mientras que la culpa se imputa por la consecuencia de una conducta o un hecho causado por parte de alguien.
Se dice que no somos culpables de lo que nos sucede, mientras que sí somos responsables de lo que hacemos con ello, de la respuesta que damos, de nuestra posición subjetiva. Los neuróticos, es decir casi todos, personas “normales”, ante cualquier situación eludimos la responsabilidad, a menudo, quejándonos, haciendo la “mea culpa”, para no saber, la culpa aparece como una mascarada de la responsabilidad. Cuando queremos saber sobre nuestra verdad, la responsabilidad se traduce en libertad de expresión, sin censura, sin juicio previo, libre. Porque la libertad lleva implícita la responsabilidad. Y es sobre esa verdad de la cual somos y queremos ser (y no con el imperativo de un superyó) absolutamente responsables porque en nosotros reside. Para reconocer esa verdad, es necesario que insistamos en dejar de sentir la culpa inútil, esa que cede a la responsabilidad, o lo que es lo mismo a la necesidad de dar una respuesta a lo que nos sucede.
Imágenes: Rosa Rosado