Ha “llovido” un poco desde el tan criticado Freud por las mujeres feministas en su noción “envidia de pene”, o de un Lacan acusado de “falogocentrismo”, hasta una Simone de Bouvoir cuya visión crítica de Freud le llevó a responder “No se nace mujer, se llega a serlo”, en su libro “El segundo sexo”, donde continúa afirmando “Ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana, es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que califica de femenino”.
He recuperado de un libro del año 1973 (La persona mujer) un párrafo en la introducción que dice “…tenemos que luchar (nosotras las mujeres) en contra de las injusticias que se nos hacen. No debemos aceptar esta sociedad”. Somos nosotras de manera activa quienes lo debamos hacer. Dice también que no es excusa para no hacerlo, pese a las limitaciones con las que nos encontremos.
Han pasado más de 40 años, y antes como ahora, la responsabilidad sigue siendo la del sujeto, de todos, hombres y mujeres, pero principalmente es nuestra responsabilidad, la de las mujeres, porque nuestro es el problema o somos nosotras quienes sufrimos la desigualdad.
Y sin embargo es necesario que el feminismo cuente con esa otra mitad de la población (hombres), pues no se trata de un conflicto entre identidades prefijadas y con intereses contrapuestos sino de modificar las relaciones de poder, porque no se trata de derrotar al otro, ni de ganar o perder, se trata de redefinir un papel desde nuestros lugares comunes, donde todos ganaríamos porque somos capaces de modificar la manera en la que nos relacionamos a partir de nuestras diferencias de sexo.
Los hombres también tienen que afrontar su masculinidad (o su destitución en la sociedad moderna) a la que el feminismo les confronta, renunciando a ese semblante masculino que no constituya una amenaza y recuperar esa otra parte que escapa al compromiso, mediante el aislamiento o incluso a veces, con la violencia, y estar a la altura en los nuevos modos, más igualitarios de afrontar la diferencia sexual. Pues como ya señalábamos a la hora de abordar la destitución de la masculinidad existe una crisis de identidad tanto para hombres como para mujeres, donde las mujeres se han ido empoderando en contra de los roles representados por el patriarcado durante mucho tiempo, a la vez que los hombres han perdido sus referentes.
Y aquí juega un papel importante la cuestión educativa. Porque se pueden modificar leyes o feminizar el diccionario, por mencionar algunos ejemplos, pero cambiar la mentalidad, asumir que al margen del sexo, un mundo más igualitario es posible, solo se consigue con la EDUCACIÓN (también con la lucha), con mayúsculas, la educación no sexista que debemos exigir, desde todos los ámbitos de la sociedad: escuela, comunidad, medios de comunicación…para nuestros hijos, pero sobre todo la educación que desde el ámbito familiar debemos transmitir para que crezcan, no solo las niñas, sino también los niños, más tarde hombres, mostrando la fragilidad emocional, la vulnerabilidad que caracteriza a todo ser humano, sea del sexo que sea. Y las niñas, luego mujeres, acoger esa vulnerabilidad y huir de esa figura de “princesa desvalida” que espera a su “príncipe azul” que colme todos sus deseos.
Las mujeres y los hombres de hoy tenemos una responsabilidad para con las personas del futuro, sean hombres o mujeres, o…lo que deseen ser, pero que ante todo sean personas con sus deberes, y también con todos sus derechos, donde ninguno se identifique con esa imagen falocéntrica que inclina las relaciones de poder solo hacia un lado. Y que la persona, sea mujer o sea hombre o lo que sea no esté determinada biológica, psíquica, económica o culturalmente.
Imágenes: Rosa Rosado
Interesante lectura, para confrontar situaciones que a veces se dan como normalidades.
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Muchas gracias! Me alegra que el post sirva para la reflexión personal. Un saludo
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