Con el envejecimiento, también el cerebro va experimentando cambios, a nivel anatómico, es decir se produce una reducción de su peso, también se produce un engrosamiento de las grandes arterias, por lo que se pierde elasticidad, y somos más vulnerables a los accidentes vasculares.
A diferencia de épocas anteriores en las que se decía que había una pérdida de neuronas, hoy, mediante sistemas de medición más sofisticados, se sabe que lo que se produce es un empequeñecimiento neuronal, aunque no en todas las regiones del cerebro por igual, con disfunciones en algunas estructuras cerebrales más que en otras.
Aun a pesar de ser cambios normales en el envejecimiento, éstos tienen impacto en el cerebro. Es decir una persona mayor sana experimenta un pequeño declive en su capacidad para aprender cosas y para recuperar información, como por ejemplo recordar nombres.
Por otro lado, tareas complejas de atención, aprendizaje y memoria son las más vulnerables, aunque si se dedica tiempo a realizar la tarea, la mayoría de las personas mayores sanas son tan productivas como cualquier joven. Lo que se produce, en realidad, es un enlentecimiento cognitivo. Es decir que el procesamiento de nuestro cerebro se vuelve más lento.
Pero veamos un poco más en detalle cómo se produce y cómo afecta, el envejecimiento sobre todo a nuestros sistemas funcionales y cognitivos, como el auditivo, olfativo, etc. :
El sistema auditivo:
De forma gradual, la pérdida de audición puede comenzar entre los 40 y los 50 años. Nuestra capacidad auditiva es sensible de manera especial en el proceso de envejecimiento, a los sonidos agudos, principalmente en aquellas personas que en su juventud han estado expuestas a situaciones muy ruidosas. Estos cambios en el sistema auditivo se deben a que el tímpano sufre un engrosamiento y se pierde elasticidad o se producen cambios en el nervio auditivo que nos incapacita para percibir con claridad los sonidos de alta frecuencia, es decir los agudos.
El sistema visual:
También, como en el sistema auditivo, las estructuras oculares cambian con la edad. El cristalino y la córnea se vuelven menos transparentes y menos flexibles y la pupila se vuelve más pequeña, por ello nos cuesta más, somos más lentos cuando hay oscuridad o a la luz intensa.
Además de la presbicia, comúnmente llamada vista cansada, y que se debe a la pérdida de elasticidad del cristalino, también hay otros trastornos visuales como consecuencia del envejecimiento, por ejemplo las cataratas, y algunas enfermedades como el glaucoma (aumento de la presión intraocular) o la degeneración macular (enfermedad degenerativa), por poner algunos ejemplos.
El tacto y el sistema somatosensorial:
Algunas investigaciones apuntan a que con la edad, se pueden ver afectadas las sensaciones de dolor, de temperatura, de presión y de tacto. Aunque no está claro si se trata de trastornos solo en edades avanzadas, ni tampoco se conocen exactamente sus causas, lo que sí parece es que se trata de una disminución del riego sanguíneo en los receptores del tacto, o en el cerebro o en la médula espinal.
Y es frecuente que con la edad incremente el umbral para distintos tipos de percepciones sensoriales. Y vemos cómo afecta a la destreza manual, a la estabilidad de la postura, a la sensación térmica o a la percepción del dolor.
Cuando además hay enfermedades adicionales que afectan al sistema circulatorio como la diabetes o los accidentes vasculares, o la artritis, éstas enfermedades pueden empeorar el desarrollo de estas funciones.
El sistema olfativo y el gusto:
El gusto y el olfato son sentidos que se complementan. Y sin olfato, se reduce el placer de disfrutar de una comida. Y solamente podríamos percibir los gustos primarios como dulce, salado, ácido o amargo. Dicen que los aromas tienen gran influencia en los estados de ánimo y que las fragancias tienen efectos beneficiosos en la depresión, el estrés, o la apatía y que pueden potenciar la felicidad, la relajación o la sensualidad.
También en este sistema se da una reducción en la cantidad de células receptoras o neuronas olfativas. Es a partir de los 70 años cuando hay una clara disminución de estas células o neuronas que pueden afectar a la capacidad de detectar olores o a una mayor dificultad para identificar los olores.
En cuanto al sentido del gusto, también disminuye el número de papilas gustativas, a partir de los 40-50 en las mujeres, un poco más tarde en los hombres. Aunque también hay otros problemas funcionales como consecuencia de la edad, como son la masticación por la pérdida de piezas dentales o dentaduras postizas, o por la disminución de saliva, lo que se conoce como boca seca.
Y existe además una asociación de olfato-gusto con la memoria, cuando un aroma o una fragancia nos lleva a un momento de nuestro pasado, y al mismo tiempo evoca también emociones implicadas en el momento en que lo percibimos. Es decir que, si la experiencia fue agradable tendemos a recordar el olor como algo agradable.
La motricidad :
Cuando hablamos de destreza motriz, nos referimos a las habilidades que pueden ser finas, cuando están relacionadas con actividades manuales, lo que se conoce como tacto fino, o las habilidades groseras que son aquellas que afectan a la postura y al desplazamiento.
Aunque los cambios que se producen como consecuencia de la edad puedan deberse a factores que pueden estar determinados genéticamente, también son el resultado de alteraciones metabólicas en las personas mayores, alteraciones como la artritis o la osteoporosis, por ejemplo.
Como causa del envejecimiento, la marcha puede ser más lenta, y también las acciones motoras en general se vuelven más lentas como consecuencia del deterioro de algunas estructuras del sistema nervioso.
La atención en el envejecimiento.
La atención necesita de cierto estado de vigilia que sirve para que nos preparemos fisiológicamente para poder percibir los estímulos del entorno. Aunque podríamos hablar de distintos tipos de atención, como, la atención focalizada, la sostenida, la atención dividida o la atención selectiva, nos vamos a centrar en esta última, que es el aspecto que más se ha estudiado en relación con el envejecimiento.
Se ha demostrado que en algunas tareas de selección, en general, las personas mayores son igual de eficientes que los jóvenes, pero hay otras tareas en las que se muestra deficiencias. Por ejemplo tareas complejas que requieren respuestas rápidas, debido principalmente, como decíamos, a que la velocidad de procesamiento también es más lenta.
El envejecimiento afectaría, por tanto, a esta capacidad, en función de la complejidad de la tarea, pero también en función de la práctica que se tenga en las tareas que se alternan. Es decir que a mayor práctica, la tarea se vuelve menos compleja y por tanto nuestra atención menos deteriorada.
El lenguaje en el envejecimiento:
En cuanto al lenguaje, este es un aspecto que no se altera con la edad, en cuanto a la capacidad de comunicación se refiere, aunque sí puede haber algunas dificultades a la hora de comprender o de expresarse en algunas situaciones.
La capacidad de procesamiento con la edad, decíamos, disminuye un poco y es habitual que las personas mayores necesiten que se les repitan las cosas en algunas ocasiones, al igual que necesitan releer un texto para comprenderlo mejor, en ocasiones.
La memoria en el envejecimiento:
Quizás sea la memoria uno de los aspectos de los que más se habla en la edad adulta. Debemos plantear la memoria no solo como un aspecto cognitivo más sino como un sistema, un sistema donde se guardan las experiencias y la información que recordamos, pero también como un proceso de retención de las experiencias aprendidas. La memoria está involucrada en todas las actividades mentales que desarrollamos.
Si partimos de que la memoria es un sistema funcional complejo, no parece haber dudas de que el envejecimiento va acompañado de cambios en este sistema que se asocian con el deterioro.
Tal como hemos visto antes, también la atención y la concentración se ven disminuidas con la edad y ello afecta a la asimilación de información novedosa y a la memoria en general. Aunque también aquí hay que diferenciar tipos de memoria, podemos afirmar que en el envejecimiento normal, es decir, al margen de la demencia o el alzheimer, ni los sucesos lejanos, ni el conocimiento del mundo que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, ni tampoco las habilidades que se han practicado con frecuencia, se ven deteriorados.
Y siempre, la pérdida de memoria se puede suplir con soluciones estratégicas que ayuden a paliar dicha pérdida de memoria.
En resumen tanto la conducta, lo que hacemos, como la cognición, nuestra psique son un proceso activo y continuado. Es decir, que las personas estamos realizando continuamente tareas con algún objetivo, un objetivo que guarda relación con nuestras necesidades y con nuestros deseos. Iniciamos el día, con el aseo, el desayuno, los desplazamientos, las actividades, etc. que se corresponden con las diferentes épocas y situaciones concretas de nuestra vida, como la escuela, el trabajo, la pareja, los hijos, los nietos, o la jubilación…
Envejecer no debe ser algo muy distinto de la realidad de las actividades del día a día, aunque debamos, lógicamente, adaptarnos a la situación de cada uno de nosotros y a la época de la vida que nos toca en cada momento.
Continuará…
Imágenes: Rosa Rosado
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