Psicoterapia frente a medicación en la ansiedad

No siempre la ansiedad es un trastorno y cuando lo es, no siempre las pastillas son la mejor cura.

La ansiedad que no es un trastorno cuando se trata de una señal de alerta de baja intensidad que nos puede ayudar a enfrentar un eventual riesgo, es decir, que es adaptativa, o esa ansiedad que nos moviliza, que nos impulsa o nos motiva a hacer cosas, y que por el contrario no interfiere de manera negativa en nuestra vida cotidiana, en nuestras relaciones o nuestra vida laboral, la llamamos una ansiedad “buena”, necesaria, también para crecer, para enfrentarnos, o para superarnos. Esta ansiedad no hay que tratarla ni siquiera con terapia, menos con pastillas.

La ansiedad es la epidemia silenciosa del siglo XXI. Debemos aprender a convivir con cierta ansiedad, a manejarla, sobre todo en una sociedad que favorece la ansiedad, una sociedad enfocada al rendimiento, al “si se puede” y que cuando el sujeto no puede llegar a las expectativas que le demanda la sociedad actual, se deprime porque piensa que está fracasando.

La sociedad actual no quiere sufrir, ni quiere responsabilizarse de la situación en la que se encuentra, y busca el alivio momentáneo y rápido. Y es más fácil tomarse una pastilla sin cuestionarse nada, sin hacer un trabajo interior, o responsabilizarse de su verdad. Es ahí donde entra la sociedad medicalizada, una sociedad que responde a intereses, no a valores, que pretende resolver con pastillas situaciones que no son médicas, que son sociales, o de relaciones interpersonales o profesionales.

Las pastillas no curan, y no siempre son necesarias, las pastillas solo reducen el síntoma, y solo al principio. Hay una sensación artificial de tranquilidad, al principio, y después una dependencia, y por eso el efecto dura mientras dura la acción de las pastillas.

Luego es preciso realizar un camino personal, hacer terapia, un esfuerzo personal; se trata de recorrer un camino para evitar perder el contacto con nuestros deseos naturales, con nuestras necesidades, con nuestra realidad, y con nuestra verdad, para llegar a encontrarse consigo mismo, y para ello hay que acostumbrarse a pasar por la angustia. La terapia enseña a manejar herramientas, como la relajación muscular progresiva, entre otras, una técnica con probada eficacia, y otras herramientas que pueden ayudar a soportar la ansiedad cuando los niveles de ésta no son excesivos.

Podríamos añadir que la ansiedad se cura con la palabra, cuando el sujeto busca encontrar la lógica y la causa que lo ha llevado a esa situación de ansiedad. Cuando se hace cargo de lo que le ocurre, poniendo palabras a su angustia que le permita saber por qué está angustiado.


Imágenes: Rosa Rosado

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