Lo sueños son la ruta de acceso al inconsciente, ese lugar inaccesible a nuestro pensamiento consciente, ese lugar en el que están todos los deseos y pulsiones reprimidos. Estos impulsos o pulsiones no desaparecen sino que se manifiestan de forma simbólica en los sueños, esa vía de acceso al inconsciente. Por eso aquellos deseos moralmente inaceptables, o ideas o pensamientos inconscientes, conectados con las actividades y las preocupaciones de nuestro día a día, se transforman en una experiencia consciente, a veces absurda e incomprensible.
El sueño es un proceso psíquico que nos sirve de reposo, y además es una reacción al estímulo que perturba ese proceso. También es la realización de un deseo, o de un contra deseo, o de la angustia misma. Durante el sueño, los impulsos del Ello, que es una de las instancias de nuestra psique, luchan por descargarse, ya que el Ello se guía por el principio del placer y necesita reducir la tensión que producen esas pulsiones o impulsos y les dota de un significado, del mundo de los sueños, una vez relajada la censura.
Cada cual da forma a sus sueños porque no se puede hablar de “la realidad” para todos. No hay universales. El sueño, liberado de la censura, no es comprensible en general porque no tiene intención de comunicar un significado, sino que es el resultado final de un proceso que tiende a la descarga de energía psíquica asociada al contenido latente del sueño como para evitar que ese contenido despierte al que duerme.
Y aún así…necesitamos de los sueños para liberar esos deseos reprimidos o inmorales que pugnan por surgir. Soñar nos ayuda a descargar la tensión, a liberarnos, en muchos casos, de la angustia. En el sueño no hay censura, todo es posible, aunque no tengan sentido en ocasiones. Otras veces el sueño nos lleva lejos, nos abre caminos, cuando los recordamos nos “invita” a seguir soñando despiertos.
Imágenes: Rosa Rosado
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