(de la conferencia “manejo del duelo y afrontamiento de la muerte)
Son cuatro las características principales en el proceso de duelo que podemos identificar como: un estado de ánimo de intenso dolor; una pérdida de la capacidad de amar; también una pérdida del interés por el mundo exterior; y una inhibición de las funciones psíquicas, como la atención, la concentración, la memoria, o el pensamiento, que se ven disminuidos.
En cuanto a los diferentes tipos de duelo estarían: el duelo normal, que se dice así porque existe un comienzo, existe un trabajo activo de aflicción y una resolución de la vida del doliente después de la pérdida. Un proceso que se hace de forma individual, ya que no hay dos duelos iguales, y teniendo en cuenta que en el camino puede haber tropiezos y retrocesos. De acuerdo a algunos autores, entre 6 y 18 meses, llegando incluso a los dos años, y dependiendo del tipo de fallecimiento y del parentesco, por supuesto, el proceso se considera normal.
Otro tipo de duelo sería el duelo denominado patológico. Aunque las características principales de estos dos duelos coincidan, como es el estado de ánimo que se vive con intenso dolor, el interés por el mundo exterior, que tampoco existe, ni la capacidad de amar, y además hay un empobrecimiento anímico, sí hay una gran diferencia, y es que en la melancolía o duelo patológico hay un síntoma más que en el duelo normal, y este es la pérdida de la autoestima, es decir hay una disminución de amor propio, lo que se traduce en autorreproches y acusaciones o culpa, que puede llegar incluso a una delirante espera de castigo, que de alguna manera pensemos que nos lo merecemos, que nos merecemos todo lo que no está pasando.
Mientras que en el duelo normal es el mundo el que se empobrece, en la melancolía o duelo patológico, es el yo el empobrecido. De ahí la pérdida de autoestima, o de amor propio.
Y después estarían otros tipos de duelo que a grosso modo son: el duelo crónico que se arrastra durante años; el duelo anticipado que ayuda a tomar conciencia de manera paulatina; el duelo retardado o el duelo ambiguo por ejemplo en el caso de personas desaparecidas.
Cada una de las pérdidas conlleva un proceso de duelo en el que la persona deberá no solo aceptar esta nueva realidad, sino reacomodarse a ella de una manera saludable, es decir que el duelo se complete con éxito, lo que venimos llamando duelo normal. La maduración y el crecimiento en nuestras vidas están marcados por diferentes pérdidas, como hemos visto, que requieren de un proceso de duelo o reajuste, que en algunas ocasiones y dependiendo de los síntomas puede requerir de la atención de un profesional, en el caso de un duelo patológico, pero si el duelo es normal, va a permitir a la persona rehacer su vida y sus relaciones, con la ayuda del entorno y de un periodo de tiempo que puede alargarse hasta los dos años, y tanto la desesperanza como la pérdida irreparable darán paso a nuevas relaciones y a nuevas ilusiones.
Imágenes: Rosa Rosado
Deja un comentario