La vida ya no nos pertenece.

Ante la frecuencia de ataques terroristas, se impone la reflexión, la interrogación,…ahora, más que nunca. Asistimos al terrorismo en la época del “biomercado”. El terrorismo está vinculado a la época en la que tiene lugar. Los actuales fenómenos de terrorismo despliegan en su acción un gran escenario, no hay un enemigo concreto, cualquiera puede ser blanco de estos ataques. El contexto, ahora, es el de un capitalismo neoliberal en el que las democracias están dominadas por el mercado.

Debemos preguntarnos si las actuales políticas de combate contra el terrorismo no producen un aumento de la xenofobia y del racismo. Atribuir el terrorismo a características raciales o religiosas no hace sino cosificar “el mal”, encasillarlo en estos rasgos.

Siguiendo a Foucault y su concepto de biomercado, el modelo financiero ha sustituido a un modelo de capitalismo fordista y del Estado del bienestar. Ahora es el mercado el que decide y administra el modelo de vida y de muerte de las personas, decide quiénes y cómo deben vivir o morir, es la biopolítica. Hoy asistimos a un mundo organizado como masa que empuja a la uniformidad, que nos lleva a ser todos lo mismo, a parecernos unos a otros, a riesgo de perder la subjetividad del ser, rechazando la singularidad bajo una igualdad imaginaria. Es la globalización que debilita los lazos sociales y es causa de desigualdades, de exclusión.

En la época del biomercado, cuyas características incluye la caída del Padre como ley que organiza la cultura, se debilitan los lazos sociales y el pasaje al acto implica una salida de la escena que anula al sujeto, un sujeto angustiado que ha perdido el recurso a la palabra y las líneas simbólicas que le permitían sostener la escena del mundo y mediante este pasaje al acto encuentra una salida. Así es en los casos de suicidio.

Los ataques terroristas son un síntoma de que algo no funciona en lo social, y solo con un cambio de paradigma sería posible dejar de ser manipulados como títeres por parte del mercado y decidir cómo queremos vivir. Una vez más asumiendo la responsabilidad de nuestros actos, de nuestros destinos comunes.

“Que los árboles no nos impidan ver el bosque”, no son las religiones o las diferencias culturales las que nos separan, son los Estados y la biopolítica que nos impone cómo vivir o cómo morir. La vida ya no nos pertenece como sujetos, y solo depende de nuestra posición subjetiva, un cambio que haga posible una humanidad, una política que facilite los lazos sociales.


Imágenes: Rosa Rosado

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑