La soledad en muchos casos es un estado necesario para poder establecer un nuevo orden, para elaborar duelos y para poder mirar dentro de nosotros y reconocernos en lo que somos: seres humanos que necesitamos de conexión y sentido de pertenencia.
Decía Alejandro Jodorowsky que “para amar hay que emprender un trabajo interior que solo la soledad hace posible”.
Para superar el sentimiento de soledad, no existen fórmulas mágicas, ni estrategias universales que sirvan para todas las personas. La soledad se experimenta por todo ser humano en algún momento de su vida, porque siempre se tendrá la sensación de que algo falta. Cada persona tiene que hacer su proceso individual, enfrentar esa etapa sin tanto dolor, buscando la compañía de otros que no le juzguen ni deseen minimizar o acelerar el proceso y que le ayuden a salir fortalecido de esa experiencia, que le ayuden a reconocer su capacidad para apoyarse en sí mismo, a recuperar la confianza y su valor personal. Cada persona tiene que recorrer su camino, también en solitario, si quiere encontrarse en los otros.
Lo que es común a todas las personas, son las emociones como el miedo o la angustia que se siente, emociones que nos hacen sufrir y nos paralizan y las cuáles tenemos que gestionar o conquistar. Lo primero que podríamos hacer es aceptar que tenemos miedo, es un buen comienzo, y que reconocerlo no es un síntoma de debilidad, porque todos lo tenemos. Negar o reprimir los sentimientos dolorosos o desagradables, lo único que consiguen es que se mantengan ahí, hasta que estemos dispuestos a escucharlos y a sentirlos. Eso sí, sin “enamorarse de la propia pena” y quedarse fijado en ella, sino sentir y aceptar la experiencia teniendo confianza y seguridad que, como todo en la vida, también esto pasará.
En segundo lugar, podemos tratar de identificar el miedo a estar solos, aunque a veces no sea fácil reconocerlo. Hay algunos pasos que sí podemos ir dando para reaccionar mejor ante ese sentimiento: buscar en nuestro interior de qué tipo de soledad estamos sufriendo, a qué se debe ese sentimiento, es decir a qué circunstancias: enfermedad, pérdida de amistades, pérdidas de seres queridos, pérdida de interés, no aceptación…porque dependiendo de la situación y del tiempo de duelo que se necesite para superar esas situaciones, esas pérdidas, seremos capaces de vivir ese sentimiento de otra manera, sin tanto dolor y sufrimiento.
Es necesario perder el miedo a mirar dentro de nosotros y afrontar la necesidad de saber cómo somos en realidad: cuáles son nuestras ilusiones, nuestras ambiciones, nuestras limitaciones, nuestros miedos,…y evaluar nuestra imagen, encontrarnos a nosotros mismos, y aceptarnos a partir de lo que somos. Podemos tomar la iniciativa para entablar nuevas relaciones. Determinar qué tipo de personas nos interesan y poner en marcha estrategias para contactar. Hay lugares como la biblioteca, el hogar del jubilado, la universidad, el polideportivo, las piscinas, la iglesia, internet, …o cualquier otro espacio que nos interese para establecer lazos sociales.
Hay que tener en cuenta que no hay nada qué perder, y que el miedo al rechazo es solo un freno para hacer nuevas amistades o establecer nuevas relaciones sociales. A veces, la utilización o aprendizaje del uso de nuevas tecnologías, incluso en las personas mayores, puede ser una buena herramienta para conocer gente.
En cualquier caso hay que tener en cuenta que aunque las personas necesitamos unas de otras y debemos estar abiertas al contacto con los otros, necesitamos aprender a retirarnos para similar lo que hemos vivido a través de los demás, para lograr un buen equilibrio. Algo así como los períodos de sueño y vigilia, que no podemos estar todo el tiempo en uno de los estados, sino que para lograr el equilibrio necesitamos de los dos estados, del sueño y de la vigilia. Porque las relaciones se pueden saturar si no somos capaces de respetar los espacios de cada uno, por no saber enfrentarnos a la soledad. Por lo tanto, debemos retirarnos para recuperar el equilibrio aún a pesar de sentir soledad. Es bueno dejar a un lado la actitud de víctima, siempre hay personas buenas, que como nosotros, desean conocer a otros. Tenemos, por tanto, que perder el miedo a iniciar una relación.
Por otro lado, es necesario evitar encerrarse en uno mismo en aquellos momentos en los que se tiene esa fuerte sensación de soledad, porque puede generarse mucho daño y mucho sufrimiento. Es mejor contar con alguien, como se ha comentado, siempre hay con quien se puede intimar. Es bueno también, valorar la capacidad que tenemos de “llenar” a más gente de la que creemos, y que hay personas cerca con las que merece la pena conectar. Una vez más, perder el miedo a nuestra capacidad de relacionarnos. Otros modos como iniciar o retomar, si se han dejado antes, actividades físicas, artísticas o culturales que nos ponen en relación con personas que tienen intereses parecidos a los nuestros y con quienes vamos a conectar más fácilmente.
Y muy importante, pensar que el sentimiento de soledad no dura para siempre, y que no forzosamente la soledad es mala, o negativa, porque podemos transformarla en un espacio de reflexión para conocernos a fondo y encontrar nuestra propia identidad, o simplemente para dar rienda suelta a nuestra creatividad.
Y si a pesar de todo no se tienen las fuerzas necesarias, ni la tranquilidad para enfrentar este sentimiento de soledad, no hay que dudar en consultar con algún profesional de la psicología que nos pueda guiar o ayudar en el camino de reencuentro con nosotros mismos y poder comunicarnos con los demás. Pero no olvidemos que ese camino lo tenemos que hacer nosotros solos y que la ayuda se refiere en términos de herramientas que se nos dan, pero que somos nosotros quienes debemos construir nuestro guión de vida. Quienes elijamos de manera responsable nuestra posición subjetiva.
Como decía Eduardo Galeano “Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos”.
Imágenes: Sandra Rosado
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