El sentimiento de soledad puede coincidir con algunos acontecimientos vinculados a las etapas evolutivas por las que atravesamos a lo largo de nuestra vida. Así, en la etapa llamada del nido vacío, llamada así cuando los hijos salen del hogar, la pareja necesita volver a acomodarse a la nueva situación y encontrar sentido a la convivencia. Superar con éxito esta etapa, además de no impedir que los hijos se vayan y adopten cierta independencia, para que también ellos superen su etapa vital individual, y nosotros como padres superemos la nuestra como adultos, supone poder adaptarnos a la nueva situación. Cuando no somos capaces de enfrentarnos a este primer desafío, es cuando sobreviene ese sentimiento de soledad y de tristeza propio de esta etapa del nido vacío. Superarla con éxito, por el contrario, prepara para las etapas posteriores, etapas como la de la madurez y de la vejez, y así podremos afrontar mejor ese sentimiento de soledad si sobreviene.
Otro acontecimiento que nos puede provocar un sentimiento de soledad y al que tenemos que enfrentarnos en la edad adulta, es el momento de la jubilación, que nos puede llevar al aislamiento social si no somos capaces de poner en marcha estrategias para ocupar el tiempo libre del que disponemos ahora, y encontrar otro tipo de relaciones que no sean únicamente la profesionales.
También estaría la situación de viudedad, uno de los acontecimientos más traumáticos por el que pasa una persona y de manera particular las personas mayores, porque cuanto más unida esté la pareja, mayor será el impacto emocional de la muerte de uno de los dos. Y es difícil que la compañía de otras personas, al principio, alivie los sentimientos de soledad y de tristeza. Y para las personas que nunca han vivido en pareja, afrontar la vejez, la enfermedad o la pérdida de personas cercanas, puede ser también causa de ese sentimiento de soledad.
Imágenes: Rosa Rosado
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