De todos es conocido que al hablar de narcisismo nos estamos basando en el mito de Narciso, un personaje griego que se enamoró de sí mismo. Se habla mucho en la actualidad de los personajes narcisistas: que si se trata de personas que se aman a sí mismos, que son, por otro lado, personas que bajo una máscara esconden su verdadera personalidad tras la que ocultan una falta de sensibilidad emocional, que si son fríos, manipuladores, seductores, etc. Que la sociedad moderna propicia el culto a la individualidad, un mundo anestesiado en el que se ha perdido de vista las necesidades de los otros sin que nos afecten los hechos.
Aunque no todos sabrán que se trata también, tal como señalara S. Freud, de un proceso por el cual la libido se dirige hacia uno mismo, como parte del “desarrollo sexual regular del hombre”. Ese amor es inevitable en el desarrollo de una persona, ya que precede al amor hacia otros (para amar a los demás, hay que amarse a uno mismo). El narcisismo se superará por parte del niño cuando sea capaz de sustraer parte de su amor a sí mismo para dirigirlo hacia los demás, primero a los padres y luego a los otros. A esto le llamó narcisismo primario. Más tarde, el narcisismo, desde este enfoque, pasaría a concebirse como una fase de la evolución sexual intermedia “entre el autoerotismo y el amor objetal”. El sujeto se toma a sí mismo como objeto de amor, y de esta manera logra la unificación de las pulsiones sexuales: la libido del yo o líbido yoica y la libido objetal o de objeto….
El narcisismo, por tanto, puede ser indisociable y constitutivo del ser humano, aunque a veces algunas facetas lleven a desarrollar en el individuo un trastorno en ese sentido.
Y cuando el narcisismo es un rasgo de la personalidad, constitutivo de trastorno, de un individuo, podríamos decir que estamos ante alguien que no se ama a si mismo, y mucho menos ama a los demás. En realidad son personas que no pueden aceptar su verdadera personalidad y en su lugar construyen una máscara permanente que esconde su carencia de sensibilidad emocional, que esconde su incapacidad para sentir. A los narcisistas les importa más su apariencia que sus sentimientos y en sus actos hay frialdad, manipulación y seducción. Siempre luchan por conseguir el control y el poder. En realidad, su vida les parece vacía y carente de significado, por lo que viven en un estado de desolación permanente. Bajo su inflado ego hay una autoestima deficiente, por ello necesita constantemente del elogio de los demás y reacciona con rabia a la crítica por miedo a que ésta destruya su frágil seguridad.
En la actualidad podríamos decir que la cara del narcisismo la encarna la egolatría que las redes sociales o las nuevas tecnologías desarrollan en el individuo, cuando éste hace un uso excesivo, por ejemplo de los “selfies”, lo que despierta al narciso de los usuarios. Aquí el individuo narcisista se interesa por la satisfacción de su vanidad y la admiración de sus propios atributos tanto físicos como intelectuales.
Como todo trastorno de personalidad, mediante la ayuda de un profesional, se puede trabajar para recuperar los sentimientos y recobrar la integridad del yo. Pero para ello el individuo necesita enfrentar su verdad, ese “hacerse cargo” de uno mismo del que hablamos constantemente, y transitar hacia un cambio de posición subjetiva, con el fin de que llegue a alcanzar la maduración emocional y encontrar un sentido a su existencia.
Imágenes: Oihana Barato
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